¿Acero y aluminio? Hablemos de oro

Creo en el libre comercio, pero entiendo por qué el presidente Trump está imponiendo aranceles sobre el acero, el aluminio y otros productos chinos. Los trabajadores industriales de Estados Unidos han sufrido durante mucho tiempo y Trump está luchando para crear puestos de trabajo para la clase media.

Lograr eso requerirá algo más que corregir los errores cometidos por la administración anterior en materia impositiva o regulatoria, una tarea que ya está en marcha. La prosperidad de la clase trabajadora se erosionó al tiempo que la industria manufacturera estadounidense. Entre 2000 y 2010, el empleo en este sector en los EE. UU. se redujo en un tercio después de mantenerse estable durante 30 años.

El presidente Trump culpó, con razón, a los malos tratos comerciales firmados -especialmente a los de México y China-, como factores que han contribuido a esta crisis. Pero la Reserva Federal merece una parte de la culpa también porque sus políticas inflacionarias han afectado a los fabricantes estadounidenses dentro del comercio mundial. Desde el año 2000, han tenido que subir precios casi un 50%, en comparación con el 25% registrado por sus competidores alemanes, en un reflejo de los tipos de inflación domésticos establecidos en cada país. Como resultado, los fabricantes han huido de los EE. UU. del mismo modo que las familias estadounidenses de los estados con altos impuestos.

La solución es tomar el control del suministro de dinero de la Fed y devolvérselo al pueblo estadounidense; en otras palabras, volver al patrón oro. El oro tiene mala reputación en algunos libros de historia debido a su uso indebido durante el siglo XX. Pero esta mala fama ignora su récord de alto crecimiento y una inflación nula en tiempos de paz entre 1834 y 1913.

El estándar oro de la era de la Depresión se construyó para hacer que los precios cayeran hacia los niveles que prevalecían antes de la Primera Guerra Mundial, con el desastroso resultado de la deflación. Luego, según los acuerdos de Bretton Woods, después de la Segunda Guerra Mundial, sólo los bancos centrales extranjeros podían convertir dólares en oro. Esta deformidad causó inflación, que se disparó después de que la Fed obtuviera el control total de la oferta de dinero a principios de los años setenta.

Desde entonces, EE. UU. ha oscilado entre emitir demasiado o muy poco dinero en la economía. La Fed tiene la tarea imposible de adivinar la demanda del mercado en tiempo real. Su desempeño empeoró en la década de los 2000 porque la Fed comenzó a significarse por la forma en que la creación de dinero impulsó los mercados financieros. En la actualidad, muchas personas están tan desilusionadas con las perspectivas del dólar que han adoptado criptomonedas como el bitcoin.

Mis electores en Virginia Occidental obtienen pocos beneficios de la creación de dinero de la Reserva Federal y muchos inconvenientes. No se benefician de los rendimientos de inversión especulativa, pero pierden sus empleos y hogares cuando la planta local decide cerrar porque es demasiado caro competir desde los EE. UU.

El sistema actual de la Reserva Federal beneficia a las élites. El estándar de oro es equitativo y pone “nosotros, las personas” al frente del suministro de dinero. Por eso está asociado a la fundación de los Estados Unidos y ha sido la clave del largo éxito económico del país.

El jueves presenté un proyecto de ley que devolvería al dólar al patrón oro, el primer intento de este tipo desde la Ley Gold Standard de Jack Kemp de 1984. Según esta propuesta, la Fed aún existiría, pero administraría la oferta monetaria en lugar de dictarla. En su lugar, el mercado estaría a cargo, la oferta y la demanda de dinero coincidirían, y los precios estarían determinados por la economía más que por los instintos de los burócratas.

Al igual que el presidente Trump, creo que el éxito nuevamente es posible para los estadounidenses que van a trabajar todos los días y construyen cosas. La visión del Sr. Trump de cómo la economía estadounidense podría y debería funcionar resonó en los votantes en 2016. Volver al patrón oro es una forma de que el presidente cumpla con su promesa de devolver la prosperidad a los trabajadores estadounidenses.


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