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Señalábamos hace unas semanas como EE.UU definía a Rusia y China como potencias “rivales” y competidores estratégicos que podían poner en peligro la hegemonía del dólar estadounidense pero ¿cómo?

La hegemonía del dólar estadounidense viene dada de los acuerdos del Bretton Woods de 1944. Si bien estos dejaron de tener efecto real en 1971, con las medidas adoptadas por la administración Nixon en 1971, poco o nada ha logrado cambiar este liderazgo en el mundo desde entonces. De un dólar respaldado por oro se ha pasado a un sistema basado en lo que se conoce como el petrodólar. Lo que fue una especie de acuerdo informal “secreto” entre los Estados Unidos y la Casa de Saud de Arabia Saudí, desde el año pasado un hecho de dominio público. Básicamente, significa que ahora tanto el petróleo como prácticamente todos los productos básicos y materias primas deben comercializarse en dólares estadounidenses –que se convierte en moneda de uso obligatorio- y que estos petrodólares se reciclan en los bonos del Tesoro de los EE. UU. A través de este mecanismo, Washington ha acumulado una sorprendente deuda de más de $ 20 billones que sigue subiendo. Y tratar de romper esta inercia tiene sus riesgos. Si hablamos de Saddam Hussein de Irak –que decidió vender petróleo en euros- o de Muammar Gaddafi –que planeó emitir un dinar de oro panafricano- nos sirven como ejemplos perfectos que ilustran bien los riesgos mencionados.

Sin embargo, existen una serie de países que no están muy de acuerdo con el status actual y así lo han ido manifestando en los últimos años. De hecho, además, han ido construyendo estructuras y alianzas para cambiar una situación que no consideran justa del todo. Y como señala el informe estadounidense están liderados por Rusia y China que no son como Irak o Libia precisamente.

Las infraestructuras creadas más reseñables tienen que ver con los chinos y su nueva ruta de la seda. En 2018, seis proyectos principales estarán en estado avanzado; el ferrocarril de alta velocidad Jakarta-Bandung, el ferrocarril China-Laos, el ferrocarril Addis Ababa-Djibouti, el ferrocarril Hungría-Serbia, el proyecto Melaka Gateway en Malasia y la modernización del puerto de Gwadar en Pakistán. Estos proyectos deben verse como una serie de corredores que conectan China Oriental con regiones ricas en petróleo o gas en Asia Central y Medio Oriente.

A Rusia y China se les suman también los otros miembros de los BRICS, países todos que son grandes productores o consumidores de oro que abogan por un comercio mundial basado en el oro físico, no en oro papel. En la actualidad mercados como COMEX en realidad negocian derivados sobre oro, y están respaldados por una cantidad insignificante de oro físico en sus contratos. Los principales productores de oro de BRICS, especialmente la asociación Rusia-China, planean ejercer una influencia extra en la fijación de los precios mundiales del oro.

Y aquí volvemos a encontrar a China que de forma inexorable viene cumpliendo una estrategia diseñada hace años. Ahora es posible la negociación de futuros del petróleo utilizando yuanes que, a su vez, son totalmente convertibles en oro en los mercados de Shanghái y Hong Kong. La Bolsa de Futuros de Shanghai ya ha pasado de las pruebas y se supone que estará operativa en un corto espacio de tiempo. De consolidarse con éxito la iniciativa, en la nueva ecuación petróleo-yuanes-oro no encontramos por ningún lado al dólar estadounidense. Una nueva era, la del petro-yuan, puede estar más cerca de lo que nos pensamos. Además, si China es el mayor consumidor del petróleo del mundo, Rusia es la 2 mayor productora e incluso Venezuela –también subida a esta iniciativa- ocupa el 7 lugar. Así que considerando el tirón de la economía de China, es posible que pronto se les unan otros productores. De hecho, las naciones bajo sanciones de EE. UU., como Rusia, Irán y Venezuela, estarán entre los primeros en abrazar el petro-yuan y todo parece indicar que otros productores más pequeños como Angola y Nigeria que ya están vendiendo petróleo o gas a China en yuanes no encuentren mayor inconveniente a sumarse también.

¿Y Arabia Saudí?

Un determinante clave del futuro del petro-yuan es lo que hará la Casa de Saud al respecto. Si el reino opta por seguir el ejemplo de Rusia y otros productores y anuncia oficialmente que acepta yuan para al menos parte de sus exportaciones a China podría ser el detonante de este nuevo escenario pero esta acción sería para EE.UU una línea roja infranqueable. En este sentido, habrá que estar atentos al interés chino en participar en la salida a bolsa de Aramco, la joya de la corona saudí. Un informe europeo independiente señala que el éxito chino podría pasar por tres condiciones, “una autorización para emitir letras del Tesoro denominados en yuanes por parte de Arabia Saudita, la creación de un fondo de inversión conjunto y la adquisición de una participación del 5% de Aramco”. Además, los contratos de oro denominados en yuanes de Shanghai y Hong Kong, también tienen una réplica reciente en Dubai y podría extenderse a Arabia Saudí que también está considerando esta misma opción.

Así que el corazón geoeconómico del mundo podría desplazarse desde el oeste hacia Asia a lo largo de toda la próxima década y de ser así, todo el comercio se realizaría sin necesidad de recurrir al dólar estadounidense pero, de producirse, no será una transición tranquila. En el informe estadounidense se promete preservar “la paz a través de la fuerza”. Y lo dice un país que actualmente despliega no menos de 291,000 soldados en 183 países y ha enviado Operaciones Especiales a no menos de 149 naciones en 2017. Un comercio bilateral o multilateral evitando el dólar estadounidense no parece que sea una opción asumible en los EE.UU.

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