¿Por qué el mundo está repleto de billetes de u$s 100?

Durante la década posterior a la crisis de 2008 ocurrieron muchas cosas extrañas en el mundo de las finanzas. Pero la semana pasada se observó un fenómeno que sorprende tanto a economistas como a expertos en finanzas.

Torsten Slok, economista internacional jefe de Deutsche Bank, detectó que el volumen de billetes de cien dólares en circulación se duplicó desde 2008, según datos compilados por la Reserva Federal de Estados Unidos, lo que indica que hay cerca de 12.500 millones de esos billetes guardados en billeteras, cajas de seguridad y maletines en todo el mundo. Eso son 1,25 billones de dólares.

Dado que se supone que estamos viviendo en una era digital, con tarjetas de crédito, bitcoins y demás, ese dato me resulta extraño; y doblemente extraño desde que algunos, como el CEO de Tesla Elon Musk, predicen que el dinero en efectivo desaparecerá pronto. Más raro aún es que el aumento significa que, por primera vez en la historia, el volumen de billetes de u$s100 supera el de los de un dólar, por lo que lo convierte en el más utilizado.

La demanda se incrementó incluso mientras la Fed subía las tasas de interés estadounidenses. Eso desafía la lógica económica que sugiere que en tiempos de tasas en alza los consumidores deberían tener su dinero no en efectivo sino en alguna inversión más productiva como acciones o bonos.

“Es lo opuesto a lo que diría un manual de economía”, señaló Slok, mencionando que es “muy peculiar” que haya u$s 1,25 billones de liquidez financiera sentada en activos “muertos” como dinero en efectivo, que no generan ningún retorno.

La pregunta es por qué sucede esto. Slok admite que no está totalmente seguro; y si bien su artículo de investigación generó un debate entre los clientes de Deutsche, nadie más parece confiar tampoco en la respuesta.

Se pueden descartar algunas posibles explicaciones: los consumidores norteamericanos no están usando todos esos billetes para la vida diaria. Una investigación de la Reserva Federal de Boston en 2012 sugirió que si bien “el dinero en efectivo todavía es el método de pago más utilizado por los consumidores (40,3% del número de pagos mensuales), en un día típico de Estados Unidos el 5,2% de los consumidores tiene un billete de u$s 100 en su bolsillo, cartera o billetera”.

La política que aplica la Fed tampoco ofrece ninguna explicación: si bien ha inyectado liquidez en el sistema, eso no necesariamente debe irse a billetes de u$s 100.

Eso nos lleva a buscar otras razones por las cuales los consumidores querrían esos billetes. Una podría ser el delito. “Hay suficientes pruebas de que en la mayoría de los países un gran porcentaje de la moneda, en general más del 50%, se usa precisamente para esconder transacciones”, dijo Kenneth Rogoff, profesor de Economía de Harvard.

Además, como señala un influyente trabajo elaborado por Peter Sands, ex CEO del banco Standard Chartered, hace un par de años, los delincuentes generalmente quieren usar las denominaciones más altas posibles, como el billete de u$s 100 o de 500 euros.

Desde que las autoridades europeas anunciaron la eliminación de los billetes de 500 euros en 2016 para combatir el lavado de dinero, quizás las actividades ilegales recurren más a los billetes de u$s 100.

Lo que convierte en doblemente sospechoso el actual patrón es que, según los investigadores de la Reserva Federal de Chicago, cerca de cuatro quintas partes de los billetes de alta denominación actualmente están fuera de Estados Unidos, comparado con una tercera parte en 1980.

Sin embargo, Slok sostiene que no hay evidencias de que el uso de los billetes de u$s 100 haya crecido después de la abolición de la denominación de 500 euros (el billete de 200 euros todavía está en circulación). Y tampoco hay pruebas concluyentes de que la actividad delictiva se haya duplicado desde 2008.

Slok sospecha que detrás de este patrón también hay razones no vinculadas con la delincuencia. Los consumidores occidentales quizás estén atesorando dinero en efectivo porque tienen temores sobre el futuro del sistema financiero y están relajados en cuanto a los riesgos de inflación.

La agitación geopolítica casi seguro sea otro factor. Tal como escribió Ruth Judson, economista de la Fed, en un trabajo hace un par de años: “Una vez que un país o región empieza a usar dólares, las posteriores crisis provocan ingresos adicionales de la moneda”.

Por ejemplo, los refugiados que huyen de las guerras de Medio Oriente quizás estén acumulando billetes de u$s 100. La élite adinerada de China quizás esté haciendo lo mismo porque no confía en el futuro de su propio sistema económico y de su moneda. Podría suceder algo similar con las familias ricas de Rusia, particularmente porque los bancos en países como Suiza se han vuelto más estrictos en cuanto al cumplimiento de normas apuntadas a detectar el lavado de dinero.

Además, también hay un factor más reciente: desde que la legislación federal de Estados Unidos no permite que los bancos o compañías de tarjetas de crédito norteamericanos manejen financiación vinculada al próspero negocio de la marihuana, eso también podría estar aumentando la demanda de billetes.

Es poco probable que incluso sepamos con exactitud cuáles de esas explicaciones es correcta a menos que algún detective financiero realmente descubra un tesoro escondido con billones de dólares en billetes de u$s 100. Por su naturaleza, el efectivo, a diferencia de las transacciones digitales, es difícil de rastrear.

Eso no nos impide saborear la ironía. Si bien vivimos en una era obsesionada por las innovaciones como las transacciones contactless —que emplean tecnología que permite hacer la operación sólo apoyando la tarjeta en las terminales de pago—, algunos bienes tangibles y las relaciones importan mucho, especialmente en un ciber mundo incorpóreo. El cambio cultural no se produce en línea recta, mucho menos de la manera que esperan los niños prodigio de la tecnología. Que tomen nota en Silicon Valley.

Cronista


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