La apuesta de Rusia y Turquía por el oro señala un camino distinto

La estrategia seguida por estos dos países con el oro podrían ser precursores de un cambio global más grande en respuesta a la deuda estadounidense y las tensiones geopolíticas.

Hay una gran cantidad de deuda de EE. UU. en el mercado para comprar pero muchos países se muestran reacios a seguir aumentando sus reservas internacionales con más bonos.  La participación de los valores del Tesoro de EE. UU. ha bajado en la actualidad hasta el 25,4 por ciento desde el 28,1 por ciento alcanzado en 2008, mientras que la composición de las reservas en forma de oro se ha mantenido estable entorno al 11 por ciento en el mismo período, según el World Gold Council. Eso es en parte gracias a los esfuerzos de algunos países que no esconden su apetencia por el oro. Además de Rusia, que lidera la lista de compradores, Bielorrusia, Kazajstán y, recientemente Turquía, forman parte también de esta lista.

Desde diciembre de 2017, Rusia ha reducido sus tenencias de deuda externa estadounidense en más de la mitad para apostar por el oro como alternativa a sus reservas internacionales. Es un comportamiento comprensible para un país que tiene que lidiar con una política de sanciones estadounidense impredecible, pero también es parte de una tendencia que se manifiesta en algunos países. Este comportamiento ruso es significativo en sí mismo si bien, en realidad, no representa un gran golpe a los EE.UU. Las tenencias rusas de bonos estadounidenses son minúsculas, si comparamos las tenencias de otros países como China y Japón, así como Brasil y algunos países europeos. La deuda de EE.UU. es de casi $ 21.2 billones, así que unas fluctuaciones de decenas de miles de millones de dólares no son suficientes para dañar la situación actual ni por si mismo constituyen un riesgo para el dólar. La moneda estadounidense, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, representó el 62,7 por ciento de estas reservas internacionales en el cuarto trimestre de 2017, frente al 64,59 por ciento de 2014. Y este pequeño descenso no lo ha padecido sólo el dólar. El euro también se ha visto afectado para situarse en un 20.15 por ciento desde 21.57 por ciento.

Sin embargo, el temor que puede tener Estados Unidos sobre su actual dominio sobre las reservas internacionales oficiales de otros países es otro. En términos relativos, los gobiernos y los bancos centrales están cada vez menos interesados ​​en la creciente deuda estadounidense. La deuda estadounidense está creciendo más rápido que las reservas internacionales globales, y eso explica en parte el papel la descendiente tendencia de los países extranjeros para mantener la solvencia de los EE. UU.

Rusia, Kazajstán y Turquía representan el 50 por ciento de las compras netas de oro de los bancos centrales en los últimos cinco años mientras que las grandes economías europeas, que durante mucho tiempo mantuvieron la mayoría de sus reservas internacionales en oro, en su mayoría han mantenido una participación constante en bonos, sin incrementarlos. La zona euro, incluido el Banco Central Europeo, posee el 55 por ciento de sus reservas internacionales totales en oro, al igual que en 2008.

Para Turquía y Rusia, la decisión de reducir las tenencias de monedas occidentales parece ser estratégica. Al igual que Rusia, Turquía se ha retirado rápidamente de la deuda estadounidense, recortando las tenencias en casi 38 por ciento desde octubre de 2017 para situarse en los $ 38.200 millones. Los bancos centrales de estos países han comprado 116,5 toneladas de oro en los primeros tres meses de 2018, la mayor cantidad en cualquier primer trimestre desde 2014 y un 42 por ciento más respecto al mismo periodo del año pasado.

A pesar de las políticas económicas del presidente Donald Trump, sus guerras comerciales, su retórica aislacionista y el comportamiento del  dólar estadounidense otros muchos países no están siguiendo la estrategia del oro, básicamente porque el metal amarillo tiene un comportamiento peor que la moneda estadounidense. Los bancos centrales de la mayoría de los países, escribió Bradley Jones en un reciente documento de trabajo del Fondo Monetario Internacional, “actúan cada vez más como inversores privados, buscando retornos más rentables”. Así que para sumarse a esta lista de compradores de oro debe existir una motivación ideológica o geopolítica o argumentar la decisión con una notable apreciación del oro en los mercados que bien pudiera venir con una mayor inflación.

Mientras tanto, muchos bancos centrales sí están comprando otros activos, no denominados en dólares, para sus reservas. Desde la llegada de Trump a la Casa Blanca otras monedas de reserva, exceptuando el dólar, han experimentado una ligera subida. Esta inercia, hasta el momento, es más bien tímida, pero no debería pasarse por alto. El dominio estadounidense de las reservas internacionales se mantiene durante casi un siglo, como antes han hecho otras monedas con anterioridad. Y como sabemos este reinado es finito. Nadie puede asegurar que el mundo seguirá comprando deuda de los Estados Unidos en los mismos niveles que los actuales, independientemente de las políticas estadounidenses y las percepciones cambiantes del poder político y económico de los Estados Unidos pero la estrategia seguida por Rusia y Turquía está señalando un camino que podría ser precursor de grandes cambios globales.

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