La interna en el SEGEMAR que no tiene fin

La novela que protagoniza Julio Ríos Gómez como presidente del SEGEMAR, no tiene todavía un fin. Sus ex colaboradores no disimulan su desencanto y sostienen duras críticas para referirse a los alejamientos que provocaron las decisiones que pusieron fin a la permanencia de Fabio Casarin – ex Director de Administración -, Pablo Boyanoski – ex Jefe de Comunicación -, Carlos Cuburu – ex Secretario Ejecutivo y Eduardo Marquina – ex Director de Recursos Geológicos Mineros -.

Algunos de ellos coinciden en los mismos calificativos hacia el presidente de la institución, lo más leve y donde la mayoría concuerda, es que “los entregó” a la Secretaría de Minería a cambio de su permanencia al frente del SEGEMAR.

Es difícil decodificar cómo, quienes se llamaban amigos de Julio Ríos Gómez, hoy poseen una larga lista de cuestionamientos que suenan a una melodía casi perfecta a la hora de referirse a sus alejamientos.

Más, cuando se analiza que los despedidos son personas de alto grado de conocimiento específico de las actividades de la institución, y los reemplazos, que a esta altura suman once funcionarios nuevos, no son personas calificadas dentro de la industria.

Nadie pone en discusión que el SEGEMAR es una nave insignia de la minería argentina. Sin duda en más de cien años supo construir un prestigio reconocido mundialmente por sus descubrimientos y trabajos científicos. Ahora, al revés de su rica trayectoria, es manejada por profesionales de otras especialidades, que en su mayoría desconocen las diferentes instancias de la geología y mucho más del rol científico que cumple esta honorable entidad.

Como explicara un ex funcionario a Prensa GeoMinera,“ni en la época de Jorge Mayoral se había menoscabado la integridad funcional de este organismo”.

Al cierre de esta edición, se desconocía una versión oficial de las razones que provocaron la salida de estos cuatro profesionales, para quienes sólo hubo “premios consuelos” para prolongar el día de sus desplazamientos finales. A tal fin se les concedió contratos que les otorgaron, tras la decisiones adoptadas por la autoridad que hoy ejercer decisiones en el SEGEMAR: Leandro Roca.

Desde la asunción de este último hubo prejubilaciones anticipadas, mudanza de funciones en el área administrativa y contable y el armado de un verdadero bunker montado en el segundo piso del edificio 14 ubicado en el predio del INTI.

“Las órdenes desde el mes de agosto de 2018 en el SEGEMAR las imparte Roca y Julio Ríos Gómez solo firma lo que este le indica”, señaló un ex empleado jerárquico de la institución que fue “invitado” a retirarse de la administración pública aunque le faltaran un par de años para acogerse a la jubilación tal como describe el convenio.

Roca, quien se muestra sólido en su función, no ha reparado en hacer su voluntad sin previas consultas. Desde su asunción, ante la presencia de la Secretaria Carolina Sánchez y del Sub Secretario Mariano Lamothe, se determinó que él es quien dirige el área en cuestión en todo lo referidos al manejo operativo y presupuestario. JRG “solo posee alguna injerencia en las cuestiones específicas de la parte técnica” sugirió otro ex funcionario.

Sin duda, si uno analiza las declaraciones efectuadas por tres de sus ex colaboradores, habría un libro para escribir sobre reproches y controversias. Lo cierto es que los cuatro nombrados están fuera del SEGEMAR, JRG continúa en la presidencia y los nombramientos, desde la llegada de Roca, no son potestad de quien, por ahora, sigue en la presidencia.

“Nos tendríamos que haber ido junto a Daniel Meilán (cuando Dante Sica lo desplazó de la Secretaría de Minería en Junio de 2018) y no someternos a este manoseo inescrupuloso que puso en claro las intenciones de quienes aún están en los cargos”, expresó a modo de autocrítica uno de sus más allegados ex funcionarios. La historia fue otra.

Concretamente existe malestar en quienes fueron despedidos: “faltó claridad y hombría de bien”, sentenció uno de ellos. Para luego afirmar que “Se quedó para poder acceder a una jubilación futura y para ello nos entregó” aseveró con dolor.

En conclusión, hay mucha más información para sumar.

Aquí queda demostrado que muchas veces la amistad no puede ser una contención ante la necesidad de lograr objetivos personales.

No obstante, detrás de esta historia se esconde un “modus operandi” muy perverso.

Los partidarios de los globos amarillos, fanáticos de Gilda, llegaron al poder para hacer de las suyas olvidándose de las promesas de transparencia, cambio de cultura y mejoramiento integral de las estructuras del Estado. Se posicionaron muy lejos de esto y más cerca de quienes criticaban.

Lo llamativo es que sobre los cambios implementados por Leandro Roca y con cuestionamientos escuchados por los pasillos, nadie denuncie públicamente.

Algunos deben pensar que esa es función de la prensa, pero no, los involucrados disconformes deberían proceder en consecuencia. Algunos de los ex funcionarios intentaron hacer escuchar su voz ante Sánchez y Lamothe, pero sólo fueron escuchados por un escudero que se encuentra en la secretaría de Minería, llamado Silvio Russo.

Pero fue sólo un trámite. Roca avanzó y JRG permaneció.

Las heridas de la actual gestión del SEGEMAR no cierran. Es una lamentable oportunidad que se perdió a los efectos de construir una nueva historia para la centenaria institución. En resumen, fueron peor que sus antecesores.

Como decía la abuela Caty: “para conocer a las personas hay que compartir la bolsa de sal”. Que paradójico, justo este dicho aplica en esta institución donde estudian las sales, pero estas no bastaron para impedir la denunciada traición.

Prensa Geominera


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