Trabajadores low cost, con menores salarios y peores condiciones

El gobierno nacional ganó las elecciones y pateó el tablero de las relaciones laborales. Todas las promesas que le hizo a la CGT sobre respetar las negociaciones colectivas se convirtieron en un proyecto de ley de reforma laboral a la brasileña, que no hará otra cosa que dinamitar las bases del derecho del trabajo. Si avanza esta modificación, que terminará con las horas extras y el derecho a una indemnización por despido, pondrá a prueba la capacidad de los sindicatos y la central obrera para defender a sus representados, que rápidamente sufrirán en sus cuerpos todos estos cambios.

Entre las reformas de alto impacto se destaca la tercerización que se permitiría prácticamente en la totalidad de la industria o comercio sin que exista responsabilidad del empleador principal. De aplicarse, se romperá el convenio colectivo de actividad, que establece condiciones y salarios acordes a la capacitación necesaria para cada tarea. También proponen abaratar los despidos sin causa por medio de la disminución de la indemnización, que lograrán al borrar todos los adicionales para su cálculo o, directamente, suprimiéndola con la creación de fondos que bajan a cero el costo del despido.

Otro de los ejes es que los trabajadores y trabajadoras puedan renunciar individualmente a los derechos laborales, una práctica prohibida por ley pero que será la vedette de un contexto de flexibilización laboral. A esos cambios se suma el fin de las horas extras, que permitirá llevar la jornada laboral a diez horas diarias como ocurría antes del año 1929 -previo a la Gran Crisis mundial-, y la posibilidad de modificar a gusto y necesidad del empleador las condiciones de trabajo, desde el lugar hasta horario.

De aceptarse tal como ha sido presentada y aprobarse en el Congreso, la “nueva ley” -que hará retroceder más de 100 años el derecho laboral-, permitirá a los empleadores despedir a bajo o ningún costo a sus trabajadores que consideren caros, sindicalizados y antiguos. Los reemplazarán por otros modernos y flexibilizados, que trabajarán para empresas contratistas o subcontratistas bajo otros convenios colectivos y con menores salarios. Pero también existe la posibilidad de que los trabajadores “viejos” acepten renunciar a los “beneficios” de la actual legislación laboral, que para el gobierno “frenan las fuerzas de la producción”: una jornada de ocho horas, un salario igual para todos en la misma actividad, el cobro de las horas extras, la imposibilidad de cambiar el horario laboral al antojo/necesidad de la empresa.

Si esta propuesta avanza no habrá diferencia entre viejos o nuevos trabajadores porque serán todos flexibilizados. Tendrán menores salarios y peores condiciones laborales.. Se convertirán en trabajadores low cost que, como las aerolíneas, llevan al que las usa -en este caso al empleador- al mismo lugar pero de manera mucho más barata, generando más ganancia sin importar lo que quede en el camino.

 El resultado parece estar a la vista: abaratar las condiciones de producción a costa de los salarios y el tiempo de vida de los trabajadores. Esa es la receta para la salida de una nueva crisis, como ocurrió en otros momentos de la historia pasada y reciente de la Argentina. Los resultados ya los conocemos porque la reducción de los aportes patronales de los 90 no generó nuevos puestos de trabajo pero sí incrementó las ganancias de las empresas. De las que quedaron en pie.
Cronista

 


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