Tragedia en la mina Gualcamayo: La historia solidaria no contada del rescate

Pedro Manrique y José Rocco son dos de los protagonistas que tiene la tiene la historia solidaria no contada del rescate de los dos operarios fallecidos el jueves 1 de febrero último en el interior de la mina Gualcamayo, ubicada en Jáchal. El nombre del resto de los rescatistas no pudieron ser confirmados oficialmente.

El operativo tuvo características espectaculares. Pero fue la buena voluntad y el espíritu de compañerismo lo que permitió que los cuerpos pudieran ser rescatados y así sus familiares pudieran darle sepultura. Es que, en ese momento, la tragedia llenó de obstáculos el futuro de los cadáveres del técnico sanjuanino Sebastián Sánchez Castro (30) y el supervisor pampeano Maximiliano Rodríguez (35).

Tiempo de San Juan intentó contactar a los brigadistas a través de las vías oficiales de comunicación con la empresa, pero no fue posible. Sin embargo, el rescate pudo ser reconstruido en base al relato de trabajadores que pidieron reserva de fuente.

ASÍ FUE

La camioneta Toyota Hilux de la empresa subcontratista Sulleir cayó a más de 150 metros de profundidad. En partes, el barranco era una verdadera pared, lo que dificultaba al extremo llegar a las víctimas. Era de noche, en una lugar de muy difícil acceso: es un filo ubicado en el camino que va del campamento de la mina hacia Guandacol, La Rioja.

En el campamento habían notado el faltante de Sánchez y Rodríguez, por lo que presumieron que podían haber sufrido un accidente y, efectivamente, así lo probaron cuando salieron a buscarlos.

De inmediato se pusieron al frente del operativo los integrantes de la Brigada de Rescate: un grupo de trabajadores mineros que voluntariamente se entrenan y capacitan para esa tarea que, en Gualcamayo, no es rentada. Aseguran que desde la mina Veladero, ubicada en Iglesia, los rescatistas se pusieron a disposición para darles una mano. Pero los trabajadores de Yamana sabían que podían hacer el trabajo por sus propios medios.

Asistidos por otros mineros que no forman parte del grupo, los brigadistas y otras camionetas partieron con sogas, arneses, agua, luz y elementos necesarios para el rescate.

FUEGO Y ANIMALES

El descenso en plena oscuridad hasta la camioneta fue una maniobra de alto riesgo. Lo primero que confirmaron los mineros rescatistas fue la muerte de sus compañeros de trabajo. Y ahí mismo surgió el primer inconveniente grave: los cuerpos estaban en la cabina de cuyo interior salía un humo espeso que hizo temer que se desatara un incendio que calcinara los cuerpos.

Por ese motivo los rescatistas decidieron sacar los cuerpos del interior de la cabina y extinguir el principio de incendio.

Al tratarse de dos muertes en un accidente vial, las autoridades habían ordenado no tocar nada.

Pero la distancia de la mina a la Ciudad de San Juan (263 kilómetros, unas 3 horas y 20 minutos de viaje), más el tiempo del descenso al punto de la tragedia, probaban que la división Criminalística iba a demorar mucho tiempo en llegar a levantar los cadáveres.

Como los rescatistas son trabajadores que conocen la zona como la palma de sus manos, sabían que si dejaban los cuerpos en el lugar hasta que llegaran las autoridades corrían el riesgo de que los animales carroñeros los atacaran. En especial los nocturnos, como los zorros.

De hecho, con las primeras luces del día 2 de febrero los cóndores empezaron a sobrevolar la tragedia.

Ante ese contexto, un grupo de mineros rescatistas tomaron la decisión de pasar toda la noche al lado de los cadáveres de sus compañeros. Custodiándolos, hasta que amaneciera. Así pasaron la noche, acompañados de un fuego y un poco de agua.

AL AMANECER

Ni bien aclaró, empezó el esfuerzo físico de los mineros rescatistas. Subir los cuerpos no era tarea fácil por las paredes de piedra. Así fue que debieron organizarse para no malgastar energías. Y se apoyaron en el uso de sogas y técnicas de escalada en montaña para poder llegar al camino sin que se produjeran más víctimas.

Todo eso llevó tiempo. Las horas se hacían interminables. Recién pasado el mediodía del 2 de febrero, a unas 16 horas de iniciado el operativo, el rescate de los dos cadáveres se concretó. Fue cuando llegó el vehículo de Criminalística al punto en el que la camioneta se había desbarrancado.

Eso fue un poco después de las 14 horas. El arduo esfuerzo de los rescatistas que se quedaron con los cuerpos toda la noche, más los pares que los asistieron al amanecer, empezó a dar sus frutos cuando vieron que la Policía tomaba las fotografías de los cuerpos y los trasladaban al hospital San Roque de Jáchal para practicarles los peritajes.

Esos eran los pasos finales para que Sebastián Sánchez y Maximiliano Rodríguez llegaran hasta sus familiares. Desde un principio, ése había sido el único objetivo de los mineros rescatistas de Gualcamayo: que sus compañeros de trabajo descansaran en paz.

Tiempo de San Juan


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