Analizan mecanismo para sostener el tipo de cambio

El año pasado el Banco Central tuvo que emitir $160.286 millones por la venta de divisas que le hizo el Tesoro. Semejante expansión monetaria, no contemplada en los planes originales del directorio del BCRA, obligó a una mayor esterilización.

Por ello el nuevo equipo del área de Hacienda analiza algunos mecanismos para evitarle sorpresas al BCRA. De ahí que la coordinación entre el Ministerio y el BCRA será un factor clave en el devenir del cumplimiento de las metas monetarias e inflacionarias. Pero además de no complicar los planes del BCRA, Hacienda evalúa herramientas en pos de sostener el nivel del tipo de cambio, en un año en el que las proyecciones públicas y privadas dan cuenta de que habrá un proceso de apreciación. Frente a ello en Hacienda contemplan como una opción, utilizar por ejemplo un mecanismo tradicional, del cual hay experiencia histórica internacional. Se trata de las subasta de divisas.

Los bancos centrales intervienen en el mercado cambiario para proveer de liquidez e información a los agentes económicos. Pero también para frenar las posiciones especulativas en contra de la moneda local, lo cual puede ser, o no, acompañado de políticas monetarias restrictivas (como subir la tasa de interés con el fin de encarecer las posiciones especulativas en dólares). O bien, para defender un tipo de cambio fijo.

En el caso argentino el objetivo sería defender la competitividad del peso frente a una mayor oferta de divisas esperada, y en medio de un año electoral.

Algunas experiencias internacionales muy interesantes (como por ejemplo Honduras, México, Brasil) que se plasmaron bajo dos modalidades: una a través de la venta de dólares por subastas diarias; y otra vía subastas extraordinarias. En general la primera se lleva a cabo cuando se registra una variación porcentual moderada en el precio de la divisa spot. Se suelen realizar tres ofertas de dólares en el transcurso de la sesión, en la apertura, media rueda y horas antes del cierre. Se asigna un monto diario, no acumulable. Pueden establecer o no un precio mínimo. Cuando hay precio mínimo se toma el precio de cierre del día anterior más un gap. Las subastas ordinarias pueden ser: Tradicionales, cuando las instituciones presentan sus posturas sin tener información acerca de las demás posturas presentadas y las instituciones reciben información de los demás participantes hasta que se publiquen los resultados de la subasta; e Interactivas, cuando, las instituciones presentan sus posturas conociendo en todo momento el precio marginal de asignación de la subasta. Ambos tipos de subastas se llevan a cabo con base en una asignación a precio múltiple, es decir, el monto ofrecido de dólares se asigna a partir de la mejor postura para el Banco Central y las posturas que resulten con asignación se atienden al precio solicitado. Las instituciones interesadas presentan sus posturas indicando el monto y el precio al que están dispuestas a adquirir los dólares. En cada una de las subastas el monto asignado se efectúa conforme al orden descendente de los precios correspondientes a las posturas que se presentaron, sin exceder del importe de la subasta diaria.

En cuanto a las subastas extraordinarias. éstas se llevan a cabo cuando las autoridades perciben condiciones inusuales de alta volatilidad e iliquidez en el mercado de cambios que presionan sobre el valor de la moneda local.

Las subastas son una especie de intervención indirecta en el mercado de cambio. Por ello, deben consensuarla entre Hacienda y el BCRA no sólo para monitorear el flujo a la plaza doméstica sino los objetivos de tipo de cambio, sobre todo bajo un régimen de tipo de cambio flotante y tratando de evitar de interferir lo menos posible en la fijación de precios.

Si bien no hay un manual sobre la proporción y el tiempo en que dichas intervenciones deben realizarse hay estudios que dan algunas pautas. Pero quizás lo más relevante, como señalan los economistas Guillermo Calvo y Carmen Reinhart en el paper “Fear of Floating”, es que no obstante los países declaran tener tipos de cambio flexibles, en la práctica intervienen en el mercado cambiario; es decir, una de las razones para realizar dichas intervenciones, es que a pesar de preferir la libre flotación (teóricamente), temen al impacto inflacionario que las fluctuaciones cambiarias traerían consigo (el traspaso de una depreciación a la inflación depende de qué tan creíble sea la meta de inflación y el sistema cambiario y del componente importado de la producción doméstica). Otra de las razones de los bancos centrales para intent ar evitar las fluctuaciones cambiarias es la exposición de las empresas y bancos a la deuda en moneda externa. En este caso, una drástica variación en el tipo de cambio podría elevar la fragilidad del sistema financiero. Vale recordar el impacto de la salida de la convertibilidad y la experiencia de los 70.

Pero en el contexto de la actual política económica, el Gobierno está más preocupado en que el deterioro del tipo de cambio real no se profundize demasiado este año, por más que muchos funcionarios no se cansan de desestimar el uso de esta variable como ancla inflacionaria.

De prosperar esta iniciativa, Hacienda podría subastar diariamente, o en el lapso que consideren conveniente, determinado monto de divisas (provenientes del canal comercial o de la colocación de deuda) y así garantizar una cierta oferta a los importadores e inversores, a la vez de evitarle un dolor de cabeza al BCRA al obligarlo a comprar las divisas y emitir, con el consiguiente impacto monetario.

AF


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