Chile: Minería, Cuentas Nacionales y crecimiento

El Banco Central ha entregado una importante información sobre la marcha económica: las Cuentas Nacionales del año 2016. Según este informe, el PIB el año pasado creció 1,6%, es decir, completamos tres años consecutivos con crecimiento inferior al 2% anual y lo más probable es que en el cuatrienio 2014-2017 la economía se situará bajo ese guarismo como incremento promedio anual. Este modesto desempeño de nuestra economía se compara negativamente con la evolución en los últimos 30 años (1987-2016), donde registró una tasa promedio anual de crecimiento de 5,1%.

Debemos tener presente que crecer al 2% o al 5% no da lo mismo para el bienestar de los chilenos, particularmente en el largo plazo. Los hechos así lo demuestran: en el período 1987-2016, el PIB pasó de US$47.000 millones a US$247.000 millones, medido en moneda de igual valor, es decir, dólares 2016. Las exportaciones de Chile aumentaron desde US$11.000 millones a US$60.000 millones. El PIB per cápita se incrementó de US$4.500 a US$24.000. La pobreza disminuyó del 45% de la población a 11,7%, y los estudiantes en educación superior pasaron de 219.000 a 1.161.000; mientras que la esperanza de vida se elevó de 71 años en 1987, a 82 años en 2016. Estos indicadores son una muestra precisa y concreta del impacto del crecimiento alto y sostenido en el desarrollo económico y social alcanzado por el país los últimos 30 años.
En esta verdadera revolución económica que ha vivido el país, la minería ha jugado un rol clave, atrayendo inversiones, impulsando el crecimiento, abriendo un amplio mercado externo y aportando relevantes recursos financieros para que el Estado pueda desarrollar su labor. Por ello es inquietante el informe 2016 del prestigioso Instituto Fraser de Canadá, que mide el atractivo de los países para invertir en minería. Chile históricamente ha sido líder en este indicador entre los países latinoamericanos, sin embargo, cae 28 posiciones respecto de la medición anterior, siendo superado por Perú. Adicionalmente, se suma el rechazo al proyecto minero Dominga, un mensaje muy negativo que no ayuda a que los inversionistas tengan a nuestro país en la mira, sino que, por el contrario, lo observen con cautela. Realmente este rechazo no se comprende si no es sólo por razones políticas.
Entre los antecedentes proporcionados por el Banco Central preocupa también lo relativo a la inversión, por cuanto en los últimos tres años, en forma consecutiva, se registra una contracción, situación inédita las últimas tres décadas. En este período de 30 años, cae la inversión en 1999, atribuido a la crisis asiática, y el 2009, explicado por la crisis financiera internacional subprime. En tanto en los años 2014, 2015 y 2016, sin crisis externa de por medio, Chile registra una reducción de esta importante variable. Debemos tener presente que la inversión que realicemos hoy es la base del crecimiento futuro.
Muy ligado a lo anterior está el deterioro de los indicadores de percepción y confianza en la economía, los que desde abril del año 2014 a la fecha se ubican en un nivel pesimista, bajo los 50 puntos.

Despejar las incertidumbres y alcanzar amplios acuerdos es muy necesario para enfrentar la actual coyuntura. Como país, debemos precisar, en forma nítida y clara, sin ambigüedades, la dirección a seguir para el desarrollo, lo cual generará un mayor grado de confianza respecto del futuro.

Estamos ad portas de una nueva elección presidencial, por lo cual es muy relevante que los candidatos que aspiran a ejercer la más alta magistratura pongan al crecimiento en el centro de las políticas públicas, como la vía más expedita para derrotar la pobreza y acercarnos al umbral del desarrollo.

Pulso

 

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