Dura crítica del titular de la Cámara de Empresarios Mineros a los dirigentes «son panelistas que comentan la realidad»

A Raúl Rodríguez no le molesta que lo tilden como el abogado de las mineras. “Por qué debería molestarme, si es lo que hago”. Como presidente de la Cámara de Empresarios Mineros de Mendoza, baja la guardia y asegura que el sector debe hacer autocrítica profunda de los hechos que provocaron que la ley que promovía la explotación metalífera en la provincia haya durado apenas unos días.

“Hablar de la minería en Mendoza sin reconocer los errores propios es muy soberbio. Fue lo primero que dije cuando me tocó presidir la Cámara. Hay que agachar la cabeza y reconocer que cometimos equivocaciones. Eso sí: no puede ser que Mendoza sea la tercera provincia de Cuyo, cuando siempre fuimos líderes. San Juan y San Luis nos pasaron por arriba y ahora dependemos de que nos paguen un acuerdo del 2006 por la Promoción Industrial. ¿Eso es Mendoza? ¿Y si se cae Portezuelo? ¿Por qué tenemos que apostar a un Maradona o a un Messi para que nos salve? No tenemos equipo. Ahora es la ‘obra del siglo’ y antes era el Trasandino o el túnel de baja altura. ¿Qué pasó con eso? Es hora de hacer un ‘MendoEnter’, y ver qué tenemos adentro”.

– Evidentemente no está de acuerdo con la idea de MendoExit…

-El MendoExit, más allá del romanticismo, es inviable. No tenemos una dirigencia política capacitada para llevar adelante lo que sería un país como Mendoza, donde el 96% es desierto y los recursos que hay en ese 96% no se quieren tocar. Mendoza es inviable porque nos hemos quedado con la vitivinicultura y el turismo para una provincia de ochocientos mil habitantes, pero somos dos millones. Ya no alcanza, hay que ampliar la matriz productiva. Cuando se habla de vivir con los nuestro, me pregunto, ¿vivir con qué?

– Pero es justamente eso: un concepto que pondera las virtudes de Mendoza por sobre el país.

– Es cierto: estamos en la Peatonal y esto parece Europa. Pero no muy lejos de acá la realidad es completamente diferente. A cinco minutos de acá da miedo lo que se ve. Se habla del cuidado ambiental y nadie habla de la cantidad de bolsas de plástico y de la mugre que hay en todos lados. ¿Con qué recursos vamos a vivir de lo nuestro?

– ¿Y qué opina cuando ve a los legisladores peleando en las redes sociales?

– No puedo entender eso de nuestros dirigentes. Son panelistas de Intratables. Son panelistas. Estamos afectados por el panelismo. Son comentaristas de la realidad, cuando, en realidad, deberían ser actores. No se dieron cuenta de que fueron elegidos por la sociedad para modificar el statu quo, no para comentarlo. Para comentar estoy yo.

“Por ahí leo al subsecretario (Emilio Guiñazú). Lo veo muy activo en Twitter, ¡pero la Dirección de Minería todavía no tiene director! Entonces no me sirve que diga lo que hay que hacer en las redes si no tenemos autoridad minera todavía».

– ¿Siguen pensando en lo que ocurrió en diciembre?

– Se cometieron errores clave. Ahora nos preguntamos para qué se escribió la palabra “cianuro” como una sustancia permitida en la modificación, si por las características de los minerales que se pueden a extraer en Mendoza no iba a hacer falta.

– Apenas un datalle, porque esa fue la bandera de la protesta.

– Mucha gente se arrepintió después de lo que pasó en Casa de Gobierno. Compañeros de trabajo de mi esposa que habían ido a la marcha y se volvieron atemorizados cuando empezaron los piedrazos, la respuesta policial, etc. Ellos habían ido por el reclamo del agua, el tema del cianuro… Todo lo que nosotros no hemos sabido comunicar. Y cuando digo ‘nosotros’, me refiero a nuestro sector y al Gobierno. Soy muy crítico del Estado en general. Tenemos una Dirección de Minería que en la ley de su creación dice que lo primero que hay que hacer es promover la actividad en el sentido de una acción pedagógica. Esa función pedagógica, didáctica, de promoción, no la hace el Estado. Por eso la gente asocia la minería con negocios oscuros, como si fuera el tráfico de armas.

– ¿No cree que afectaron los antecedentes que llegaron de San Juan o Catamarca, donde sí se notó la falta de control del Estado?

– Seguramente. Hemos tenido mala suerte también. Nosotros estábamos con el juicio contra la 7.722 en la Corte y veníamos bastante bien. Uno, como abogado, recorría los pasillos de Tribunales y percibía que venía muy bien. Sobre todo, el artículo 3: todos los jueces entendían que era un exceso. Y al final, el último que lo terminó bancando fue Mario Adaro. El detonante del fallo, sin dudas, fue el accidente de Veladero, que nos agarró casi un mes antes de la sentencia. De hecho, en los fundamentos se nombra ese accidente. Claramente eso genera una crisis de credibilidad.

“A ese antecedente se le sumó la actitud activa y beligerante de otros grupos. De este lado, del de las mineras, no hay nada. Porque esa es la realidad: a nivel comunicación no hemos hecho nada. Ojo, yo me he vuelto loco; he hablando con todo el mundo, he ido a reuniones… pero no alcanza. En la vida es mucho más fácil destruir que construir. Por eso, como en el fútbol, el zaguero central vale un millón y el que arma el juego y mete goles vale diez millones. No vale lo mismo Messi que Piqué. Es más fácil pegarle a la tribuna y tirarse a los pies que armar el juego. Y nosotros somos los que intentamos armar y ver cómo en Mendoza podemos traer una actividad que genera laburo. Del otro lado, sólo es destruir”.

– Y ahora más difícil después de una ley que duró una semana…

– Eso se lo dije al ministro de Gobierno (Víctor Ibáñez): ‘Por favor no hagan eso’. Y él me respondió que no tenían margen; que contaban con información de que había infiltrados y de que querían hacer en Mendoza lo que mismo que ocurrió durante los incidentes en Chile. Además, manifestaron que la Nación le había soltado la mano a Suarez y le dijo que no iban a mandar gendarmes…

– ¿Para usted cuál era la solución teniendo en cuenta el conflicto desatado?

– La postura mía fue pedir que pararan la pelota. La solución era la interposición de un amparo y que la Justicia frenara la aplicación de la ley hasta tanto no se cumplieran con determinados requisitos. Y entonces se podían programar audiencias públicas, mesas de diálogos, estudios ambientales, lo que quisieras. Pero no nos comíamos el papelón internacional de dar vuelta una ley. Les dije que le iba a costar los cuatro años restantes si hacían eso. El tiempo me terminó dando la razón, porque después vino lo del Presupuesto, lo del roll-over, lo de Portezuelo, el aguinaldo… Todas en contra. No se trataba de imponer la ley de guapo, pero sí buscar alternativas que no te debilitaran. No soy político, no entiendo de política y tal vez me pueden argumentar que era la salida para buscar la paz social. Ok, pero creo que había otras maneras.

– Pero los grupos que encabezaban la protesta dejaron en claro que la única solución era derogar la nueva ley.

– El “no es no” no es progresismo. Eso es lo más ortodoxo y conservador. No entiendo por qué la Asamblea del Agua, por ejemplo, no quieren sumarse a los organismos de control. Qué mejor que eso. En su momento, el gobierno de Cornejo le pidió a San Jorge devolver el agua. No entendíamos a qué se referían. Nos preguntaron cuánta agua íbamos a usar y nos pidieron que la devolviéramos. Seguíamos sin entender. Hasta que nos explicaron: nos pidieron que hiciéramos una obra hídrica en lugares donde no hay agua y que posibilitara que esa zona accediera a la misma cantidad de agua que iba a usar el proyecto minero. Les respondimos que no había ningún problema; que nos dijeran dónde lo hacíamos. Es evidente que todo eso no lo supimos explicar.

– ¿Y se puede explicar?

– Creería que sí. Al menos es lo que a mí me gustaría. Habla muy mal de nuestro sector si no nos esforzamos por explicar estas cosas. No se trata de hacer una cuestión secreta. Esto es simple: se puede estudiar, medir y discutir. No es una cuestión de fe. Entonces, si vamos a hacer obras hídricas para llevar agua a un lugar donde aún no tienen, ¿podría hacer un relato de que la minería viene a traer agua? Definitivamente, sí. O al menos intentarlo. Y es agua que no sería para la minería, sería para la gente. En el fondo, es una batalla cultural, y las empresas no se dedican a eso. Para ellos, es simple: traen plata y puestos de trabajo.

– Pero hay una cuestión de fe o dogmática. La defensa del agua tiene esas características.

– En ese punto no podemos hacer nada. Es cierto. Por más que intentemos explicarlo, es imposible. Es cómo decirle a un hincha de River que descender es lo peor que lo pudo pasar. O a uno de Boca que lo peor fue perder la final con River. La gente sigue siendo de ese equipo.

– ¿Ha intentado hablar con los referentes que defienden la 7.722?

– Varias veces. Con Eduardo Sosa, de la ONG Oikos, hemos tomado café varias veces. Nos une el respeto que nos tenemos y han sido conversaciones muy productivas. Si todo el mundo fuera como el Eduardo, sería otro tema. Eduardo no va a ir a tirar piedras.

“Yo no me olvido de lo que fue la bodega Torraga y los vinos Soy Cuyano y Mansero. Estamos hablando de 28 muertos. ¡Muertos! La minería no tiene un muerto en el país. Y a nadie se le ocurrió en ese momento prohibir el vino. ¿Qué se hizo? Lo lógico: cerrar esa bodega y meter en cana al dueño. Y la gente siguió tomando vino. Acá hubo un accidente de Barrick en San Juan y ya quieren prohibir toda la minería porque dicen que no se puede controlar. Ese doble estándar es porque nos ganaron una batalla cultural. Eso fue un error de nuestro sector, propio de la soberbia de años. Cuando todavía no estaba instalado este discurso, no hicimos nada para explicar la minería. Y cuando empezaron las primeras señales de alerta, en 2001, 2002 ó 2003, dijeron ‘dejalos, son unos pocos locos’… hasta que dieron vuelta una ley”.

– ¿Hoy sería posible rediscutir el tema o amoldarse a la 7.722?

– La 7.722 pone condiciones que no permiten traer lo que realmente mueve la aguja, que es la exploración. La cordillera argentina está explorada en un 25 por ciento. En el otro 75% no sabemos qué hay. En Mendoza, ese número es menor aún. La exploración es tan intensiva desde el punto de vista de mano de obra, que es lo que produce el arranque.

– ¿Y entonces?

– Hay un geólogo australiano que es conocido mío y siempre hablamos de estos temas. Cuando le pregunto si vendría a Mendoza a hacer minería, me dice ‘mirá, nosotros tenemos una mina en Borneo. Estamos en conflicto con una de las tribus del lugar. Los tipos han puesto precio a nuestras cabezas. Nosotros trabajamos y el ejército rodea la mina. Nos amenazaron con cortarnos la cabeza y ponerla en una lanza. Y no nos vamos. Nosotros sólo pretendemos dos cosas: que haya mineral, primero, y después que exista garantía jurídica de saber que si nosotros hacemos una inversión podemos ganar dinero’.

– ¿O sea el problema no son las protestas?

– Claro que no. Pero cómo venir a un lugar en que una ley duró una semana; o ni eso, cinco días. Nadie se va a arriesgar a invertir para después quedarse sin nada.

“La misma gente que invierte en la minería, también lo hace en bodegas o en el negocio del turismo. Compran acciones e invierten en proyectos que pueden ser rentables. Cuando vean que en Mendoza las leyes se revierten en una semana porque mil, dos mil o 20 mil personas protestan, ese lugar no sirve para ningún tipo de inversión. No es un lugar serio”.

– ¿No hay solución?

– Una de los pocas cosas que se hizo bien el Mendoza fue el Plan Estratégico Vitivinícola. Y la industria cambió y nos convertimos en potencia. ¿Por qué no podemos tener un plan estratégico minero, para pensar de acá a treinta años. Incorporar a todos los actores y responder qué minería queremos, cómo la queremos y dónde la queremos. Un plan bien hecho y no a lo patrón de estancia, como en San Juan. Hay que apostar a largo plazo. Siempre les digo a mis alumnos que, por ejemplo, si hoy se abre una mina en Mendoza, todavía no nació la persona que va a gobernar Mendoza cuando se tenga que aprobar la declaración de impacto ambiental del cierre de esa mina. El problema es como dice una canción típicia del rock nacional: ‘No sé lo que quiero pero lo quiero ya’. Esa es nuestra filosofía, y ahí perdemos

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