El bitcoin no compite contra el oro

La reciente campaña de la firma de inversiones en bitcoin Grayscale contra el oro ha desatado un debate importante: ¿es realmente la criptomoneda pionera, o cualquier otra, competencia para el metal precioso?

La respuesta es muy sencilla. No. Especialmente no en los términos en los que Grayscale busca hacer ver al oro como “cosa del pasado” a través de un video promocional de la campaña titulada “desecha el oro”.

El error en la propuesta de Grayscale no está en que sobredimensione las posibilidades de Bitcoin, sino en que es un elemento de potencial confusión para aquellos no familiarizados con el criptoecosistema, que podrían considerar una burla el intento de enfrentamiento que se plantea. Es como contar peras con manzanas.

Para comenzar, la firma promueve como ventaja de bitcoin sobre el oro, el peso del segundo. Llegan a asegurar que “en un mundo digital, el oro no debería hacer peso en tu portafolio”. ¿Pero acaso quienes invierten en oro van por la calle con un bolso lleno de lingotes? Así exactamente lo presenta Grayscale en su video.

Por más licencia creativa que la campaña use en ese aspecto, no deja de ser poco acertada. Promover la adopción con falsos mensajes y expectativas irreales no podría sino alejar a la gente de las criptomonedas.

La respuesta más reiterada a la campaña ha sido de rechazo. Incluso de burla. La idea generalizada está clara: Bitcoin ni siquiera pretende competir con el oro. La competencia que plantean las criptomonedas es contra la moneda fíat. Y eso hasta ahora es claro.

Peras y manzanas

Comencemos por lo más obvio: no es lo mismo una criptomoneda, cuyo registro se realiza de manera digital, y un recurso natural como el oro, que además se ha usado durante mucho tiempo. No solo para su intercambio comercial o como reserva de valor, sino como materia para el desarrollo técnico.

Digo que en realidad Bitcoin compite contra las monedas tradicionales porque, en esencia, su fin natural es convertirse en medio de pago, tal como las monedas fiduciarias, aunque probablemente con mejores niveles de seguridad y auditabilidad. El valor de ambas se sustenta en la confianza y el uso, que es consecuencia del primer elemento. El oro, por su parte, tiene un valor que le da directamente su cualidad de ser usada como material no solo de adorno (caso joyería), sino además en industrias tecnológicas, para instrumentos médicos y hasta en la industria aeroespacial. Esto no hace del metal precioso algo mejor o peor que Bitcoin. Simplemente, son cosas distintas.

Y son distintas también desde la aproximación planteada por Grayscale: como inversión. Primero, sus mercados son esencialmente distintos. Un rasgo muy claro para establecer esa diferencia es la volatilidad.

En los últimos tres años, el oro tuvo su precio más bajo en USD 1.126,95 por onza, mientras el más alto fue de USD 1.366,25. De hecho, el 9 de mayo de 2016, el precio era de USD 1.265,25, y para este viernes 10 de mayo de 2019 está en USD 1.287,10, en datos de gold.org.

En el mismo período, BTC pasó de USD 460 a los más de USD 6.300 que tiene como valor al momento de redactar esta nota, en cifras de LiveCoinWatch. No solo eso. En estos tres años, aunque no ha vuelto a los niveles de mayo de 2016, llegó a estar muy cerca de los USD 20.000 y tuvo varias subidas y bajadas, hasta pasar por una tendencia bajista que lo llevó a estar apenas por encima de los USD 3.300 en diciembre del pasado año.

En conclusión, los inversionistas se deben aproximar a ambos activos de maneras muy distintas, e intentar compararlos o enfrentarlos es básicamente una pérdida de tiempo.

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