El efecto importador se agrava por la caída del mercado interno

Los números del INDEC, ahora aparentemente indiscutibles, fueron claros: las importaciones medidas en volúmenes aumentaron en febrero, aunque disminuyeron en dólares. Pero el dato más preocupante surge de analizar la composición de las compras externas. Es que mientras crecieron las de bienes de consumo, bajaron las que están vinculadas a la producción (bienes de capital e intermedios). Sin embargo, según fuentes consultadas por Ámbito Biz, hablar de una «avalancha» de productos importados es, al menos, exagerado. Destacan, además, que la Argentina atraviesa hoy dos problemas más graves: la contracción del consumo y la falta de competitividad.

Según el informe sobre Intercambio Comercial Argentino (ICA) difundido por el INDEC, en febrero de 2017 las importaciones fueron por un valor de u$s4.010 millones, un 0,6% menos que hace un año. Al medirlas en cantidades -sin tener en cuenta la variable del aumento de precios- y desmenuzando por rubros, aparecen las alertas. Por ejemplo, las de bienes de consumo crecieron el 10,9% interanual y las de vehículos un 55%. En cambio las de bienes de capital se contrajeron un 9,7%; las de bienes intermedios, un 12,1% y las de piezas y accesorios para bienes de capital, un 20,3%. Analizando el bimestre, las compras al exterior en volúmenes treparon el 35% en automóviles y un 16% para bienes de consumo. Asimismo, los bienes de capital crecieron sólo el 1% y los intermedios cayeron un 8%. En ese último caso, los cuales son indispensables para la producción, se encuentran en sus niveles más bajos desde 2001.

Así, la tendencia se mantiene similar a la de 2016. Datos aportados por Ecolatina indican que el año pasado las importaciones cayeron el 7% en valores (alcanzaron u$s55.600 millones) y fueron un 25% menores que en 2011 (u$s68.000 millones). Pero al evaluar los volúmenes, para determinar si hubo una apertura «indiscriminada», el resultado se revierte. Tras eliminarse las DJAI avanzaron el 5% y fue el primer año en que crecieron las cantidades importadas y retrocedió la actividad desde 1975. «El incremento de las importaciones en volúmenes estuvo liderado por bienes de consumo y vehículos: los primeros treparon el 18% internaual y los automóviles hicieron lo propio en más del 30%. El fuerte incremento de estos bienes finales afectó negativamente a la industria y el empleo local», señala la consultora; pero también recuerda que «las bases de comparación eran considerablemente bajas por las restricciones a las importaciones».

En el Gobierno, pese a que niegan que exista una «avalancha de productos» como denuncian algunos dirigentes sindicales e industriales, tomaron nota de la situación. Si bien no se ajustó la política de importaciones con mayores controles, desde los despachos oficiales comenzaron una serie de contactos informales en busca de moderar el ingreso de productos desde el exterior, en especial de las áreas más sensibles.

Los sectores que más sintieron el impacto de la mayor apertura de las importaciones fueron la industria textil e indumentaria, del calzado, la electrónica, y en menor medida la de juguetes. En término de volúmenes, los porcentajes de crecimiento interanual de las compras en exterior van desde el 21 al 35%. Sólo los artefactos informáticos tuvieron una suba menor, del 5%, en 2016. Para los representantes de estos sectores, sin embargo, la cuestión pasa más por la caída del mercado interno que por las importaciones. «Son un problema porque cayó el consumo. Se achicó el mercado, por lo tanto el nivel de importaciones pasa a ser más importante. Si el mercado se hubiese mantenido relativamente estable las importaciones hubiesen hecho caer el nivel de la actividad un 8% y no el 25% como pasó», explica Jorge Sorabilla, presidente de la Fundación ProTejer, quien califica de «expectante» el presente del sector tras el «duro golpe» que sufrió en 2016.

Por su parte, Alberto Sellaro, titular de la Federación Argentina de la Industria del Calzado y Afines (FAICA), coincide con el diagnóstico sobre los efectos de la caída del mercado interno, y alertó que mientras las importaciones en ese rubro crecieron el 21% con respecto a 2015, también se perdió más del 30% de venta en mostrador. «Sin duda la situación antes era mejor. El año pasado perdimos 14 millones de pares de producción nacional. Si no se recupera el consumo, con este concepto que tiene el Gobierno, no nos recuperamos más», añade.

«Las importaciones han tenido un crecimiento leve, pero desparejo en distintos rubros. Aunque es leve, como hay una caída de la actividad genera un impacto importante en ciertos rubros, sobre todo en lo que son productos terminados», analiza Pedro Cascales, de la Secretaría Industrial de CAME. Y señala que hay otros dos temas donde debe poner el ojo el Gobierno: la situación en las fronteras y mejorar la competitividad. Sobre el primer punto opina que deberían implementarse regímenes impositivos especiales para proteger a los comercios e industrias en zonas que limitan con otros países donde los precios son menores a los nacionales. Por otro lado, sostiene que «controlar la importación es un paliativo de corto plazo» y que «lo hay que hacer es trabajar para mejorar la competitividad». «La importación es un termómetro de lo que está mal adentro. Si entra más es porque acá somos muy caros», profundiza. Otra voz de peso que se escuchó por estos días sobre las importaciones es la de la UIA. En un documento difundido a mediados del mes pasado en el que advertían sobre la situación de la industria, remarcaron su preocupación por el ingreso de productos terminados desde otros países.

Los sectores consultados celebraron la continuidad de los programas «Ahora 12» y «Ahora 18», y la implementación de 3 y 6 cuotas sin interés para las producciones más afectadas por el ingreso de los importados. La situación de la electrónica es distinta. Los fabricantes locales pusieron el grito en el cielo por la quita de aranceles que se hizo efectiva en el primer día de abril, y ponen en duda que puedan seguir con sus operaciones porque, afirman, no pueden competir contra los importados. Según estimaciones privadas, los precios de las notebooks ya bajaron en promedio un 14% y las de las tablets el 4%. En el Gobierno creen que esa tendencia se profundizará.

Para concluir, pese a que existen señales de alerta, hablar de un aluvión de importaciones es, como dijimos al principio, al menos exagerado. De hecho, la consultora Abeceb, de Dante Sica, remarca que pese a que en 2016 los bienes importados ganaron mercado por sobre los nacionales «la economía permanece relativamente cerrada», ya que el comercio exterior aún representa sólo el 20,2% del PBI, muy por debajo de los índices que muestran países como Chile (52,5%) y Colombia (30,7%), y de la media de América Latina (37,7%).

AF

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