El Gobierno busca que en 2018 los intereses estén cercanos al 20%

El Gobierno nacional tiene un sueño: que para comienzos de 2018 se esté hablando de una tasa de Lebac de 20%, en sintonía con una inflación esperada para todo el año de no más de 15%. Y si esto ocurre, que ya se pueda hablar de una economía en crecimiento con la ayuda del sistema financiero, hoy dos ítems divorciados. Y que, definitivamente, no se hable de la existencia real de la bicicleta financiera bautizada como «carry trade». Para que esto ocurra, la clave es que las metas combinadas de inflación del Banco Central y el Ministerio de Hacienda coincidan en el tiempo que resta hasta completar este ejercicio y que se proyecten en sintonía durante el primer semestre del próximo año. La esperanza oficial es que antes de junio la perforación del 20% se convierta en una realidad.

Tanto desde la entidad que maneja Federico Sturzenegger como de la cartera de Nicolás Dujovne, y a diferencia de otras épocas, se asegura que ahora sí hay sintonía y trabajo en equipo. De hecho, la novedad que se comenta entre los equipos de ambos hombres fuerte de la economía es el trato amistoso que se dispensan entre sí. Uno llama «Nico» al otro, y se le responde como «Fede» al funcionario del Central. Y, también una novedad, ambos se tratan de vos. La misma sintonía de trabajo, se insiste, se traslada a las proyecciones de las metas inflacionarias de cada dependencia, tanto para cerrar 2017 como para proyectar 2018. Para este año el equipo de Sturzenegger considera que el alza de los precios está corriendo a un promedio de 18% interanual, y que para diciembre es posible mostrar en sociedad que la proyección original de 17% interanual entre diciembre 2017 y de 2016 se respeta. Dujovne habla, por lo bajo, de un 22% anual máximo, pese a que en el propio proyecto de Presupuesto la meta sobre la que se elaboró la inflación de 2018 es de 24% para este año. Para el próximo ejercicio también hay coincidencia entre el Central y Hacienda, al menos en las proyecciones combinadas. Mientras el ministerio dejó la meta en 15%, desde el BCRA se afirma que esa elaboración es compatible con la idea de un alza de precios a diciembre de 2018 en comparación con el último mes de este año de 10 (+ o – 2 puntos porcentuales) que mantiene la entidad. Mientras tanto, hasta fin de año tanto Sturzenegger como Dujovne esperan una inflación mensual de un promedio de 1% mensual, en lo que se define una «trabajosa baja».

El BCRA afirma que podría comenzar a evaluar una cierta disminución paulatina de las tasas de Lebac, al menos las de corto plazo, pero no antes que se confirme que la evolución interanual de la inflación está en el 17%, que tanto Sturzenegger defendió durante todo el año. Incluso en los momentos difíciles del primer semestre, cuando la proyección para 2017 superaba el 25% y se ponía en riesgo todo el andamiaje de metas del ejercicio. Recuerdan en el BCRA cuando el presidente de la entidad dio un mensaje en la propia entidad, insistiendo en sus metas mientras aumentaba las tasas de las Lebac. Fue el martes 18 de abril cuando desde el «ala política» comenzaba la estrategia electoral y se miraban de reojo la presión inflacionaria y su prima hermana, la evolución de las tasas de interés. Ese día, al presentar el Informe de Política Monetaria (IPOM) del primer trimestre, Sturzenegger decía que «no nos creían el año pasado cuando dijimos que íbamos a reducir la inflación. Pero yo estoy convencido de que lograremos ubicar la tasa de inflación en la meta prevista de entre el 12% y el 17% para este año y será la sociedad la que nos podrá evaluar, a la que vamos a rendir cuentas».

Lo que se cree que costará, ahora sí, combatir, al menos hasta fin de año, es la consecuencia inevitable del combo retraso cambiario y Lebac: el carry trade. Esto es el ingreso de dólares del exterior para entrar a las Lebac y su inmediata salida del sistema cuando vence el plazo elegido. Este esquema altamente especulativo estuvo de moda hasta el 13 de junio, cuando la divisa norteamericana comenzó a desperezarse y, al ritmo de la devaluación anterior a las Paso, provocó desastres en los que apostaron al carry trade. Sin embargo, luego de las elecciones, el dólar volvió a adormecerse al ritmo de la confianza que generaron los resultados políticos y el apoyo que parece tendrá el oficialismo el 22 de octubre. Lentamente, y agitado por las propias oficinas bancarias de atención al cliente, la operatoria volvió a despertar interés, encaminándose a un probable nuevo boom antes del 22 de octubre.

AF


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