El oro vive su peor trimestre desde 2013 al ceder un 14%

Si bien el arranque del año estaba siendo bastante bueno para los metales preciosos, activos refugio por excelencia, el tercer trimestre está dejando huella y es ya el peor para el oro desde 2013 y desde 2014 para la plata. 

Además, el dorado ya se encuentra entre las 10 materias con peor comportamiento en el año. El oro, que había llegado a sumar en 2016 cerca de un 30%, ha reducido estas ganancias hasta el 6,6%. Y es que, desde que alcanzó sus altos del año poco después del Brexit se deprecia en torno al 17,3%. Desde octubre, sus pérdidas rozan el 14%, lo que convierte al trimestre en el peor desde de 2013.

La plata ha actuado de forma similar. En su mejor momento subía un 50% y ahora sólo un 14,7%. En el último trimestre, su depreciación supera el 17,6%, siendo el peor desde 2014. Además, desde sus máximos de 2016 se deja más de un 23,5%.

Wall Street, en máximos

El declive de los metales preciosos en el último tramo del año coincide con el impulso recibido por la bolsa de EEUU, acentuado con la victoria de Donald Trump. Sus promesas, rebajar impuestos e incrementar el gasto, han sido bien vistas por los inversores, lo que ha llevado a Wall Street a máximos y ha acercado al Dow Jones a apenas 20 puntos del nivel de los 20.000 en sus últimos altos. El dinero ha salido de los activos refugio en los que se depositó buena parte del año. Un ejemplo de ello es MoraBanc, que indica que «seguimos negativos en el oro por nuestro posicionamiento más bullish en los activos de riesgo».

Mientras, la Reserva Federal ha optado por subir los tipos. Si sólo la expectativa de esto fortalecía al dólar, que la entidad apunte a tres alzas más en 2017 ha llevado al Dólar Index, que pondera sus seis principales cruces, a máximos. Un dólar fuerte afecta a las materias que se denominan en dólares. Daniel Stewart & Company estiman que el precio del oro se ve lastrado por ello y señalan que hay «pocas dudas sobre si la Fed aumentará tipos en 2017, por lo que somos bajistas en el metal».

El Economista


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