Entre marzo y abril, la actividad acumuló una caída de un cuarto del PBI

Con todo, en sólo dos meses el índice de actividad volvió a niveles de octubre del 2004. El director socio de Consultora Ledesma, Gabriel Caamaño Gómez, comparó: «En cuatro meses, la economía cayó 27%. Entre julio de 1998 y marzo del 2002 fue 21,2%. Durante todo 2001, cayó 15%. Si miramos el último pico, que fue en noviembre 2017, la caída acumulada es de casi 32,5%».

Los esfuerzos fiscales, que llevarán a la economía a un rojo primario también récord, parecen no alcanzar. El director del CESO, Andrés Asiaín, explicó en ese sentido: «La caída es brutal e incluso más fuerte de lo que esperábamos. Tiene como causa el cierre de sectores enteros por la cuarentena. Y también el cambio en los hábitos de consumo que implica. Eso debilita al multiplicador del gasto fiscal. Antes uno le compraba al almacenero y él con eso iba al restaurante, al cine, a la calle. Ahora se queda en el almacén. No se multiplica más. Turismo cerrado, bares, recitales, viajes. El Gobierno inyecta recursos pero se van al ahorro y por eso hubo presiones en el dólar«.

Y agregó: «No se va a poder volver al plan original del Gobierno. Ni va a alcanzar con una política keynesiana como fue la AUH. Habrá que pensar en algo más radical, impulsando al sector informal, con plan de obras en polos productivos, planes de vivienda, urbanización de barrios populares, etc».

Por ahora, la cuarentena rígida mostró buenos resultados en materia de contagios y muertes. En cuanto a lo económico, los números dan cuenta de una caída de la actividad muy superior a la de los países vecinos que tuvieron medidas menos estrictas. En Chile, la contracción acumulada entre marzo y abril fue de 13,9%. En Brasil, fue de 15,3%.

Otro país con aislamiento duro, como Perú (aunque cabe destacar que, según la Universidad de Oxford, en abril algo más relajado que Argentina), registró una baja acumulada muy superior y de 31,8% entre marzo y abril. En Colombia, otro que fue bastante rígido, la contracción acumulada fue de 21,3%.

Tanto en el caso de los contagios y las muertes, como en el de los datos económicos, se trata de partidos a los que todavía les falta el segundo tiempo. La hipótesis que sostiene que las cuarentenas más duras no son más contractivas en términos económicos, postula que un aislamiento laxo puede generar más fallecimientos y, entonces, un «susto» que derive en restricciones mayores. A la vez, la hipótesis que sostiene que las cuarentenas más rígidas no necesariamente previenen más muertes, postula que en el largo plazo la insostenibilidad de estar aislado puede generar hartazgo y relajamiento y por ende los mismos decesos.

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