Gremios desisten de protestas para privar a Macri de argumentos

La campaña proselitista del Gobierno tuvo una primera repercusión en el sindicalismo: los dirigentes opositores que rodean a Hugo Moyano analizan levantar la protesta que tenían previsto realizar antes de las primarias para privar a Mauricio Macri de un rival preelectoral. En el Frente Sindical por el Modelo Nacional confirmaron que el ímpetu por una marcha, en principio planificada para este mismo mes, quedó congelado y sujeto a deliberaciones que necesariamente postergarán la decisión.

La reacción llegó al cabo de una semana plagada de cuestionamientos al sindicalismo que partieron del Presidente, fueron replicados por ministros y dirigentes de Juntos por el Cambio y amplificado por empresarios alineados con el Ejecutivo que integran el grupo de WhatsApp denominado “nuestra voz”. Aunque los objetos iniciales de la diatriba macrista fueron Hugo Moyano (camioneros), Sergio Palazzo (bancarios) y Pablo Biró (pilotos aeronáuticos) la estrategia hizo repensar a la dirigencia en general de la conveniencia de una respuesta por vía de la acción directa, e incluso desde lo discursivo.

En lo formal, el frente gremial opositor tiene en agenda un plenario pautado para el 29 o 30 de julio en el sindicato de mecánicos automotrices (Smata). Allí los dirigentes prevén la realización de paneles de debate en torno de la coyuntura social y económica con la participación, además de sindicalistas, de referentes del sector empresario pyme (el mismo que ya en varias oportunidades compartió escenario con Moyano en actos de protesta), de organizaciones sociales y de espacios de la sociedad civil afectados por las políticas de Cambiemos.

El plenario debía realizarse en esta semana pero ya su postergación dio un primer indicio de las dudas en el sector acerca de la oportunidad para apurar un mecanismo de consultas que debía desembocar en el anuncio de una medida de fuerza. De hecho el siguiente paso será un encuentro de mayor envergadura en el microestadio de Ferrocarril Oeste con la participación de delegaciones sindicales de todo el país, distanciadas de la CGT, que hasta anoche siquiera tenía fecha orientativa de realización.

Para entonces la Argentina estará a las puertas de las primarias del 11 de agosto (o ya las habrá realizado) y el cronograma electoral dejará poco espacio para una protesta, cualquiera fuese su modalidad. Desde los gremios habían pensado originalmente en una marcha federal antes de fin de mes, de características similares a las que catapultaron a Moyano a la escena pública en 1994 como referente del Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA) junto con la entonces única CTA, de Víctor De Gennaro, y la Corriente Clasista y Combativa de Carlos “Perro” Santillán”.

Otra opción que se barajó fue la realización de un acto masivo en un estadio cerrado de modo tal de minimizar la posibilidad de incidentes e incluso la aparición de infiltrados, un fantasma que suelen esgrimir dirigentes experimentados como Ricardo Pignanelli (Smata) a la hora de calibrar métodos de protesta. En tanto que algunos –los menos- llegaron a advertir de la chance de un nuevo paro de actividades, el séptimo contra Macri y eventualmente el segundo lanzado a solas por el bloque disidente, en vista de que la CGT ya dio por concluido el año en términos de conflictividad.

Todas esas ideas perdieron fuerza durante el fin de semana. Las objeciones incluso a nivel personal de Macri contra tres de los mayores referentes del espacio opositor motivaron que en ese bloque, que incluye las dos versiones de la CTA y la Corriente Federal de Trabajadores, crecieran las voces de advertencia: una respuesta en la misma línea que las alusiones presidenciales serviría de base ideal para el oficialismo en su intento por subir al primer plano de la disputa electoral a los dirigentes.

El propósito de Juntos por el Cambio parece ser una reversión de los intentos por provocar a Cristina de Kirchner, que de momento permanece –se supone que por esa razón- en buena medida disociada de la campaña de Alberto Fernández. Al respecto, uno de los jefes de la CGT, Héctor Daer, advirtió durante el fin de semana: “no hay que contestar ningún agravio ni debatir temas personales. El Gobierno quiere sacar a Alberto Fernández de escena y rivalizar con el sindicalismo con bravuconadas. Algunas son torpezas del movimiento del obrero, es verdad”, dijo sobre respuestas iniciales de los aludidos.


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