Industria o servicios: ¿qué sector creará más empleo?

¿Campo o industria?. Durante décadas, esa fue la controversia que entretuvo a los académicos, historiadores, políticos y economistas. Una nueva polémica viene creciendo: muchos sostienen que el trabajo industrial está en declive por la robotización y los procesos automatizados. Pero sobre todo por el fuerte auge del sector servicios. En la Argentina y en el mundo, “es la principal fuente de empleo”, dijo días atrás el viceministro de Hacienda, Sebastián Galiani. “No es algo nuevo, la industria genera cada vez menos empleo”, coincide Fausto Spotorno, director del Centro de Estudios Económicos de Orlando Ferreres.

“No hay país ni empleo sin industria”, es un concepto tan extendido pero que las estadísticas contradicen. Históricamente, desde 1900 a la fecha, el aporte industrial promedio al PBI fue 19,35%. Y en su mejor momento, en 1974, llegó al 27%, según se observa en “Dos siglos de economía Argentina”, una compilación de investigaciones y estadísticas elaborado por el economista Orlando Ferreres. “Es falso decir que no hay empleo sin industria, es una idea equivocada”, dice Spotorno.

El repliegue industrial, en lo que a empleo calificado se refiere, tiene como contrapeso el surgimiento explosivo de nuevas actividades, todas vinculadas al rubro servicios. Por caso el software, que duplicó la cantidad de empleados en la última década, para pasar de 47.500 a 93.400. Y la exportación de servicios de todo tipo (software, ingeniería, diseño, consultoría, arquitectura, contabilidad y asesoría jurídica, entre otros), que ya factura más de US$6.000 millones anuales, sólo por detrás de la soja y las ventas automotrices.

Estadísticas de la ADEFA (la cámara de los fabricantes de autos), reflejan con precisión el notable ascenso de la robotización en los procesos y sus perjuicios para los trabajadores. En 1974, la industria empleó 57.400 personas, el mayor nivel de su historia, para producir un total de 286.312 unidades. El año récord de producción fue en 2011: 828.771 vehículos con apenas 32.307 empleados. Así, entre ambos extremos se observa que la productividad por empleado pasó de 5 coches anuales a 25.

“Lo que hoy está cambiando es el significado del término trabajar”, explica Marcelo Elizondo, director de la consultora DNI. Y no sólo en la Argentina. Datos de la CEPAL indican que el comercio concentra el 24% de la población ocupada de América Latina. Otro 24% lo hace en otros servicios, 7% en construcción, 6,5% en servicios financieros, 6% en transporte. Y apenas el 11% son trabajadores industriales. “La participación del empleo manufacturero con relación al total desde 1970 a la fecha cayó del 30% a la mitad”, remarca Elizondo.

Una mirada distinta es la que ofrece Diego Coatz, economista jefe de la Unión Industrial Argentina: “Ya no se puede hablar de industria sino de cadenas industriales”, dice. Visto así, un proceso de producción desborda el concepto clásico que una industria es una fábrica aislada. “Apple no tiene ninguna planta en los Estados Unidos. Pero genera inmenso valor con diseño, ingeniería y patentes”, agrega.

Tales consideraciones encajan con las nuevas matrices impuestas por la globalización productiva, el avance de las telecomunicaciones y la tecnología, lo que está impactando en el mundo laboral. El caso de Arcor es ilustrativo. María Belén Vallone, gerente de Planeamiento de Recursos Humanos de la multinacional argentina de agroalimentos, explica que a raíz de los cambios tecnológicos, “en comparación con la década pasada, hoy la mayor cantidad de perfiles que estamos reclutando se relacionan con las carreras de ingeniería, pero también profesionales de administración, contadores y especialistas en marketing y comercialización”, enumeró.

La industria requiere de servicios para ganar mercados y establecer valores diferenciales, tal como ocurre con Apple y Arcor. Coatz, precisamente, prefiere hablar de cadena industrial y no de industria. Y coincide en que es muy difícil establecer divisorias claras entre sectores. Spotorno remarca que el concepto de que sin industria no hay empleo “no es cierta, es muy equivocada y además es confusa”. Pero dice que es muy difícil establecer diferencias: “Si una impresora 3D se utiliza para fabricar ceniceros, ¿eso es industria, software o diseño?”.

La relación entre las empresas (y su tamaño) y el empleo es monitoreada desde cerca. Estadísticas oficiales indican que más del 99% empresas registradas (602.079) “tienen menos de 200 ocupados y concentran el 64% del empleo privado formal”. Del total del tejido empresarial argentino, el 30% se dedica al comercio mayorista y minorista y casi el 10% son industrias (61.471). Por su parte, 207.530 empresas están orientadas a los servicios, lo que representa el 35%.

¿Se pueden establecer diferencias claras entre sectores? Para Coatz, de la UIA, “discutir si el modelo es agro versus industria o industria versus servicios no lleva a ninguna parte. “Hoy todo está interconectado. La producción agropecuaria necesita de máquinas y fertilizantes producidos por la industria, y a su vez la actividad manufacturera contrata servicios”.

“La importancia de la industria reside en tres factores centrales:por un lado, el sector genera uno de cada cinco puestos de trabajo privado formal. A su vez, por cada puesto directo se generan 2,5 indirectos en el resto de la economía (desde la contratación de contadores para liquidar sueldos hasta diseñadores de campañas publicitarias). Y por último, los salarios industriales son 32% mayores que el promedio de la economía”, dice Coatz, y concluye:“En 2016, la industria representó el 20,1% del PBI”.

El análisis es más complejo de lo que parece. Recuerda Coatz que ya desde los 70, muchas grandes empresas, sobre todo industriales desintegraron algunas fases de sus procesos, desde la liquidación de sueldos hasta la investigación, el diseño industrial y el desarrollo de productos. “El resultado es un espejismo estadístico: la mayoría de las etapas figurarán en el área de servicios, pero dependen intrínsecamente de la demanda de las empresas industriales”, enfatizó.

Esa imagen distorsionada a la que alude Coatz no cambia la ecuación con el mundo laboral en los países concretos.Precisamente, esa es la hipótesis central del documento “Empleo industrial: su tendencia a largo plazo” elaborado en forma conjunta por Galiani y Martín Caruso. El declive del trabajo en la industria local, dicen los autores, es un proceso muy parecido al observado en muchos países desarrollados, como los Estados Unidos y Francia (25% del empleo total), Holanda (26%), Italia (28%) y el Reino Unido(32%). “Nuevamente, vemos que la principal fuente de trabajo en esos países es el sector servicios”, señala el estudio.

Los autores advierten que “si bien la competencia internacional de nuestro sector manufacturero es factible si logran producir bienes diferenciados y de calidad, no es el caso en los sectores intensivos en trabajo no calificado”. Una pelea abierta y mucho para analizar.

La automatización y un duro pronóstico sobre las profesiones

Industria o servicios: ¿qué sector creará más empleo?

Un heladero ambulante de 1952. Hoy, por las mismas calles pasan los motoqueros con el delivery.

Más de 2.000 profesiones están en riesgo, dice un estudio de McKinsey Global Insitute, el laboratorio de investigación de la consultora McKinsey. El informe alude los cambios drásticos que producen la robótica, la inteligencia artificial y el aprendizaje automático (machine learning). “La automatización ahora tiene el potencial de cambiar las actividades diarias del trabajo de mineros, jardineros, banqueros, diseñadores de moda, soldadores y de los CEO también”, subraya un extenso informe difundido a comienzos de este año.

Nadie está a salvo, porque McKinsey asegura que “la mitad de las actividades laborales de la actualidad pudieran automatizarse para el 2055, aunque esto puede ocurrir 20 años antes o después”. Un margen de error apreciable, pero suena atemorizante. Habrá que esperar 40 años para corroborar la exactitud del resultado. En rigor, muchos oficios y profesiones vienen modificándose constantemente, producto de nuevas demandas sociales o culturales.Muchos memoriosos y nostálgicos recuerdan a los repartidores de leche, los soderos los heladeros. Hoy, por esas mismas calles transita el delivery.

En ese sentido, el comercio electrónico también introduce cambios profundos. Un estudio hace hincapié en la compra de la cadena de supermercados estadounidense Whole Foods por parte de Amazon, cuyo objetivo ahora es disputarle el liderazgo nada menos que a Walmart. Esta operación repercutirá en la Argentina. “Aunque nos parezca imposible, más tarde o más temprano la tendencia global de la compra de alimentos en línea va a llegar al país, tal como antes se impusieron el autoservicio y el shopping center”, interpreta Ramiro Izurieta, de la consultora Marco.

El pronóstico, otro más, está fundado en un estudio de Kantar Worldpanel, que posiciona a la Argentina como el país latinoamericano con mayor cantidad de compras por Internet de productos básicos. Para Kantar, el eCommerce representa el 1% del total de las ventas locales.

“Es muy difícil hacer pronósticos. No hace mucho, se hablaba de que el petróleo se agotaba y el precio del barril marcaba récord.Hasta que apareció el shale oil y los precios se derrumbaron”, opina Marcelo Elizondo, director de la consultora DNI. Anticipar el futuro con precisión es una actividad de riesgo, pero los cambios ocurren dentro y fuera del mundo del universo corporativo.

No hace falta escarbar demasiado para encontrar pruebas al respecto. Se afirma, con razón, que los “viejos” barones del petróleo fueron sustituidos por los chicos terribles del Silicon Valley. Basta observar que en 2006, el top five de las compañías más valiosas del mundo -por su cotización bursátil- eran Exxon Mobile,General Electric, Total, Microsoft y el City. Una década después, según un ranking elaborado por el sitio especializado Visual Capitalist, posiciona a cinco gigantes tecnológicos en lo más alto:Apple, Google, Microsoft, Amazon y Facebook.

“Hay actividades clave en toda economía.A lo largo de la historia, se crean y destruyen profesiones, pero esto no es algo lineal.La economía es como el árbol: sobre un tronco (el agro, el software, etc) se desarrollan numerosas ramas que se desarrollan por su cuenta”, explica Fausto Spotorno, director del Centro de Estudios Económicos de OJF.

La automatización, sin embargo, es un dato de actualidad:“La producción industrial cambia porque hoy tenemos inteligencia artificial, impresoras 3D, Big Data y robótica.Y la posibilidad de almacenar datos de manera mucho más barata. Esto genera oportunidades, pero también altera los modos de la organización”, dice Diego Coatz, de la UIA.

Clarin


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