La lucha de México con EE.UU. para lograr el Nafta 2.0

Si presidente Trump continúa cumpliendo sus promesas de reducir el déficit comercial por encima de todo lo demás, puede ser que las conversaciones con México para renovar el acuerdo de libre comercio no lleguen a ninguna parte.

El peligro de seguir una política de este tipo fue puesto de manifiesto el mes pasado. El fabricante de automóviles Ford abandonó en enero la construcción de una planta de u$s 1600 millones en México bajo la presión de Trump, anunció abruptamente que estaba cambiando la producción de su Ford Focus a China.

«Si hubieran seguido adelante con la planta en San Luis Potosí, nunca habrían escogido a China», declaró Luis de la Calle, uno de los negociadores originales del Nafta en México. «El mercantilismo de Trump va a aumentar el déficit comercial estadounidense porque importarán automóviles de China con componentes que no tienen contenido estadounidense».

Tal y como los expertos mexicanos ya están cansados de repetirlo, el 40% de las exportaciones mexicanas a EE.UU. se originan en EE.UU., lo cual significa que un automóvil Ford que sale de la línea de montaje en San Luis Potosí está lejos de ser exclusivamente mexicano. En el esquema simplificado que a Trump le gusta esbozar, México obtiene todos los beneficios mientras EE.UU. sufre un déficit de u$s 63.000 millones y pierde empleos.

Fred Bergsten, del Instituto Peterson para la Economía Internacional (PIIE), argumenta por qué esa visión es errónea. Pero con mucho por lograr si se quiere finalizar un Nafta 2.0 en cuestión de meses, como México lo desea, ¿existe un atajo que pueda darle a Trump un acuerdo para que pueda salvar la ropa en materia del déficit?

El método de contabilidad de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) «valor añadido del comercio» (TiVA) podría ser un comienzo.

Chris Wilson, del Wilson Center de Washington, calcula que «utilizando datos de la base de datos de la OCDE sobre el valor añadido del comercio, los cuales toman en cuenta el movimiento internacional de partes a través del proceso de producción, se descubre que la medida tradicional del déficit comercial de bienes y servicios en relación con México es un 36% más alto que el déficit calculado en términos de valor añadido».

¿Cortar el déficit en un tercio de un plumazo? Suena como una victoria para México, el cual realmente no desea discutir los déficits en lo absoluto, pero sí quiere progresar en la elaboración de un acuerdo del Nafta para fines de año antes de que se inicie la campaña electoral para las elecciones presidenciales de julio de 2018.

También suena como algo sumamente «tuiteable» en el caso de Trump, quien está bajo presión en una variedad de frentes y ha prometido renovar el «peor acuerdo jamás hecho».

Pero eso supone que Trump estaría satisfecho con una solución superficial. Antonio Ortiz Mena, otro miembro del equipo mexicano del Nafta en la década de 1990, tiene sus dudas. El gobierno de Trump se adhiere a la idea de que «un déficit comercial destruye empleos», comentó Ortiz Mena. «Al final del día, ésta es realmente una discusión sobre empleos».

Bergsten cree que Trump está dándole énfasis a algo totalmente equivocado. Eliminar el déficit con México no compensaría el déficit comercial global de EE.UU. ni haría mucho por ayudar a la economía estadounidense, argumenta.

«Una alternativa mucho más constructiva sería intentar utilizar la renegociación del Nafta para fortalecer la economía mexicana y así aumentar sus importaciones de EE.UU. La tasa de crecimiento de un país es el motor dominante de su expansión de importaciones, por lo que lograr un México más dinámico sería la mejor manera de lograr el objetivo de balanza comercial de la administración de Trump», escribió Ortiz Mena.

Pero para EE.UU. no se trata de que México se vuelva más dinámico. La regla no escrita de las conversaciones del Nafta 2.0 es que Trump debe ser visto por sus partidarios como el ganador. «Nosotros podemos vivir con eso», comentó un alto funcionario mexicano.

Entonces, ¿debería México presionar por la contabilidad del valor añadido? «No se pueden resolver los problemas existentes y el superávit y el déficit con eso», declaró Eric Miller, un asesor comercial con sede en Washington. «Pero puedes representarlos con mayor precisión. Desde el punto de vista estadounidense, eso es bastante bueno».

Desde hace semanas hemos estado a la espera de que el gobierno de Trump revele los resultados de su investigación de la «Sección 232» sobre el impacto de las importaciones de acero sobre la seguridad nacional. Los gobiernos de todo el mundo se están preparando para lo que sería la primera medida proteccionista importante por su parte. (Dijo que estaba considerando aranceles y cuotas, o una mezcla de los dos).

Pero todo esto ha sido beneficioso para los precios de las acciones de los productores de acero estadounidenses, incluyendo al más grande de todos ellos, US Steel. Tan sólo la semana pasada, sus acciones subieron un 8,3%.

Cronista

 

Comparte:

Noticias relacionadas