Los inversores extranjeros sostienen a Brasil durante la recesión económica

Cuando la ejecutiva de propiedades israelí Mia Stark llegó a Brasil en 2013, la economía del país ya estaba comenzando su larga caída hacia la peor recesión de su historia. Pero, la directora ejecutiva en Brasil del grupo israelí de centros comerciales Gazit Globe adquirió el control o participaciones en siete propiedades en San Pablo e invirtió u$s 635 millones en los últimos cuatro años.

Desde aquel entonces, Gazit dió un vuelco a las propiedades que controla, que van desde un centro comercial histórico hasta otro lujoso en el distrito de Morumbi.

«Cuando llegamos a Brasil, no sabíamos a lo que nos íbamos a enfrentar», comentó Stark. A medida que la economía se deterioraba, con una caída de más del 7% durante los últimos dos años, su equipo directivo había tomado una decisión consciente. «Dijimos: ¿Sabes qué? En lugar de negatividad, vamos a buscar oportunidades de negocios».

Los sólidos inversionistas extranjeros de largo plazo como Gazit sostuvieron a la mayor economía de Latinoamérica.

Aunque Michel Temer ha sido acusado de corrupción y amenazan con descarrilar un programa de reforma por parte de su gobierno centroderechista destinado a restablecer las reducidas finanzas públicas del país, los inversores extranjeros han continuado invirtiendo dinero en Brasil a pesar de estos retos. El país recibió u$s 78.930 millones en inversiones extranjeras directas (IED) durante el pico de la recesión en 2016, la séptima entrada de capital más alta del mundo, según datos del Banco Mundial.

Los analistas dijeron que esta resiliencia -el banco central reportó que la IED neta durante los 12 meses previos concluyendo a fines de mayo fue de u$s 80.700 millones- se debió en parte a las entradas netas en fusiones y adquisiciones.

Las empresas y los activos brasileños se volvieron más atractivos después de una depreciación del real frente al dólar a cerca de la mitad de su valor desde que alcanzara sus máximos en 2011.

Los accionistas y las compañías locales también estaban interesados en deshacerse de activos debido a las dificultades financieras ocasionadas por la recesión o debido a las investigaciones de corrupción. Estos activos fueron a menudo arrebatados por extranjeros.

«A fin de cuentas, en comparación con otros países, Brasil ha estado recibiendo una gran cantidad de IED durante un período de tiempo relativamente largo porque hay un montón de activos a la venta», señaló David Beker, economista en Brasil de Bank of America Merrill Lynch.

La principal investigación de corrupción, conocida como Operación Lava Jato, forzó desinversiones de activos por parte de compañías que van desde la petrolera estatal Petrobras hasta la constructora Odebrecht o JBS, la mayor empacadora cárnica del mundo.

Según la compañía de datos Dealogic, las fusiones y adquisiciones brasileñas el año pasado alcanzaron los u$s 46.600 millones, de los cuales cerca de u$s 37.000 millones fueron el resultado de las fusiones y adquisiciones realizadas por inversionistas del extranjero. China fue la mayor fuente de inversión, con cerca de u$s 12.000 millones en negocios incluyendo una adquisición de u$s 9.000 millones de una compañía de electricidad seguida por EE.UU. y Canadá.

«Algunos de los activos locales son baratos y muchos inversionistas que tienen una estrategia de mediano a largo plazo lo consideran una buena oportunidad para posicionarse o aumentar su existente presencia en la economía brasileña», comentó Alberto Ramos, un economista de Goldman Sachs.

Sin embargo, los economistas advirtieron que poco menos de la mitad del dinero reportado como IED eran préstamos interempresariales entre compañías en el extranjero y sus filiales brasileñas y beneficios reinvertidos.
Algunos de estos préstamos interempresariales fueron básicamente operaciones de divisas para aprovechar las altas tasas de interés reales de Brasil, mientras que otros pudieran haber sido para recapitalizar subsidiarias que luchaban con la recesión.

«Solamente entre 20 y 25% de las entradas de IED en Brasil representan inversiones greenfield (totalmente nuevas), es decir, dinero para construir fábricas y puertos y aeropuertos», estimó Neil Shearing, el economista jefe de mercados emergentes en Capital Economics.

Según los inversionistas, la construcción de nuevos proyectos en Brasil sigue siendo, de hecho, tan difícil como siempre debido a la burocracia del país y a la volatilidad política. Incluso Stark de la compañía Gazit comentó que prefería evitar el desarrollo de sitios desde cero debido a los retos burocráticos, aunque lo haya hecho en ciertas ocasiones.

Más bien, su estrategia era mantenerse eficiente y concentrarse en cada oportunidad de negocios; su equipo de gestión de 20 personas ha crecido poco, aunque la compañía se ha ampliado en nueve veces en términos de sus activos durante los últimos años. Su enfoque estaba en propiedades que tenían «grandes activos» pero que estaban mal gestionadas y ubicadas dentro de un radio de siete kilómetros del centro de San Pablo, un área que es el epicentro de la mayor economía del continente.

 


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