Los mercados emergentes necesitan que Turquía active un interruptor

Los experimentados inversores del mercado emergente frente a la venta masiva provocada por Turquía se ven tentados a usar una estrategia que funciona hace muchos años. Pero antes de comprar canastas de bonos y monedas del mercado emergente, hay que absorber un hecho importante: la respuesta de Turquía hasta ahora se parece poco a la que normalmente actúa como interruptor del riesgo de contagio a otros mercados.

Cuanto más se mantenga Turquía en esta postura, mayor será el riesgo de que los derrames técnicos desfavorables sean acompañados por un contagio financiero y económico más disruptivo tanto para el país como para los activos del mercado emergente en su conjunto.

Las crisis cambiarias están lejos de ser poco comunes en los mercados emergentes debido a las vulnerabilidades derivadas de los fracasos de las políticas internas y de las disrupciones externas. Las autoridades que definen políticas tienden a responder enérgicamente para evitar que impacte en el sistema financiero interno de un país y privarlo de capital.

Eso puede incluir una combinación de tasas de interés más altas (para contrarrestar el hecho de que los residentes y las compañías prefieren dólares estadounidenses a su moneda local y para atraer flujos de capitales), medidas para endurecer las políticas fiscal y de crédito (para disminuir el endeudamiento interno), y acceso a financiación externa excepcional que, en el caso de los programas del FMI, también implica un respaldo a los ajustes de política interna.

La cotización de las empresas controlantes de los equipos de las ligas europeas se disparó en los últimos años gracias a la televisación de los partidos

Hasta que no se apliquen esas políticas, la clase de activos de mercados emergentes en su conjunto tenderá a ser vulnerable a fugas de capitales.

La crisis cambiaria de Turquía empezó de manera habitual, con factores internos y externos que contribuyeron a lo que ha sido un horroroso derrumbe de la moneda, el cual podría provocar recesión, inflación, tensión en el sector bancario y quiebras de empresas. Pero en vez de optar por la respuesta convencional, el presidente Recep Tayyip Erdogan repetidas veces aseguró que no subirá las tasas de interés ni se acercará al FMI.

En cambio, el banco central tomó una serie de pequeñas medidas el lunes para ajustar el crédito y demostrar mayor paciencia regulatoria hacia los bancos. Mientras tanto, no se ha identificado ninguna fuente de financiación alternativa creíble, sea China, Rusia, Qatar o países o instituciones europeas.

Como tal, el gobierno no pudo activar un interruptor, lo que amplifica las ondas disruptivas tanto dentro como fuera del país.

A menos que Turquía esté dispuesto a permitir que la lira sobrerreaccione aún más mientras trata de encontrar su propio piso, la estrategia elegida hasta ahora sólo deja al gobierno con dos principales opciones: fuerte austeridad y/o alguna forma de control de capitales.

Esta situación alienta al sector privado a desprenderse rápido de la lira mientras los residentes se apresuran por comprar dólares, aumenta la fuga de capitales y los extranjeros repatrian su capital. Cuanto más tiempo se prolongue esto, más probable será que Turquía termine teniendo que ir al FMI, que, a su vez, podría exigirle al país condiciones para movilizar fuentes adicionales de financiamiento.

No nos olvidemos que todo esto está sucediendo en un contexto global lejos de ser tranquilizador. Esto incluye una transición hacia una menor liquidez global, más evidencia de que, fuera de EE.UU., la economía global se está desacelerando y la constante incertidumbre sobre el régimen de comercio internacional. Luego, están los riesgos por acontecimientos individuales relacionados a la política (Brasil), a las sanciones (Rusia) y al sobreapalancamiento (China). Esto no quiere decir que todo esto se desarrollará en forma

lineal. Debido al alcance del reciente derrumbe de la lira, algunos acontecimientos podrían fácilmente conducir a una recuperación significativa. Pero si Erdogan no relaja su postura contra las subas de tasas de interés y el acceso al FMI, esa alza podría terminar demostrando que es más una oportunidad de venta que oportunidad de compra sostenida.

Todo esto fija el escenario para un continuo período de contagio técnico para los mercados emergentes en general y, con eso, el riesgo de que algunos de los países más vulnerables entren en su propio círculo vicioso financiero.

Por lo tanto, en vez de correr a comprar la clase de activo en su conjunto, los inversores deberían mostrar paciencia y tener mucho cuidado. Deberían esperar a que haya niveles más atractivos para invertir en bonos en moneda local y extranjera emitidos por países que saben reaccionar con sus políticas, que tienen grandes reservas internacionales y pocos desequilibrios con la deuda. La buena noticia es que en el mercado emergente hoy hay más de esos países, especialmente si se lo compara con las anteriores crisis.

Cronista


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