Mediación del FMI y una mejora de último minuto, apuestas del Gobierno para evitar el default

Le preocupa la suba del dólar blue. Claro que me preocupa». Alberto Fernández cree -con sentido común y con los informes que le acercan desde los principales bancos de Wall Street- que la disparada de los «dólares alternativos» guarda directa relación con la falta de acuerdo con los fondos de inversión internacionales por la deuda.

«Cuando uno mira diarios del exterior, uno ve cómo los acreedores atacan a Martín Guzmán, cómo intentan desacreditarlo. Entre nosotros, incluso, tenemos periodistas que dicen que Martín Guzmán no pasa la prueba de la deuda y se va a su casa», contó el Presidente en diálogo telefónico por radio en el inicio de una semana que, también, se presenta complicada en términos financieros.

¿Argentina va camino al default? A esta hora, la respuesta resulta afirmativa en la creencia mayoritaria, tanto de Wall Street como de las consultoras de la City más importantes. Así lo demuestran los precios de los títulos públicos, el índice de Riesgo País -que volvió a superar cómodamente los 4.000 puntos- y, lo dicho, la suba de los dólares «alternativos».

En el inicio de la semana, el «blue» se estacionó en los $118, mientras que el «contado con liqui» y el «MEP» cerraron a $115 y $113, respectivamente.

Guzmán es quien concentra la negociación con los bonistas y los contactos con los inversores externos. Desde el equipo económico siguen esas negociaciones muy de cerca.

Entre los funcionarios existe el pleno convencimiento de que el tira y afloje se extenderá hasta el último minuto. El próximo viernes 8 a las seis de la tarde será la primera escala -se sabrá la porción de inversores que adhieren a la oferta de Economía- hacia lo que será el veredicto final, dos semanas más tarde.

Hay dos elementos que en los despachos oficiales dan por casi seguro: que, antes de que toque la campana, el Fondo Monetario Internacional jugará su ficha a favor de un acercamiento entre las partes. Y que, en simultáneo, la Casa Rosada mejorará su oferta para lograr el broche final.

En el equipo económico afirman que se equivocan quienes apuestan a que Alberto Fernández será inflexible. Es más: en la intimidad de los despachos ya hacen referencias a esa oportuna flexibilidad: «Mover los hilos invisibles», le dicen.

Así se refieren a modificaciones eminentemente técnicas, reservadas para especialistas, que no implican cambios en el planteo político de la oferta a los bonistas.

«Eso pasó en 2005, cuando en la época de Néstor Kirchner se empezó a debatir entre quita ‘nominal’ o a ‘valor presente neto’. En ambos casos se hablaba del 75%, pero en la oferta no implicaba el mismo valor si se hacía una cosa o la otra», rememora un ex funcionario, que ahora trabaja cerca de esta administración.

Hilos invisibles

Una de las posibilidades que se evalúa refiere a que se reconozcan los intereses corridos de los bonos que entraron al canje, desde el momento del último pago hasta la fecha de la nueva operación.

Se trata de un beneficio que, hasta ahora, no existe en la oferta. La idea, en caso de que se acerquen las posiciones, sería de abonarlos. Sin quita. Incluso se pondría sobre la mesa la posibilidad de que una parte de esos intereses se paguen «cash».

En el propio Gobierno admiten que esta mejora arrimaría una mejora «en el margen». Pero que, de todos modos, tendría la lógica de demostrar «buena voluntad» para cerrar trato.

En el mismo sentido se menciona la chance de reducir la quita de capital propuesta, sobre todo para algunos de los 21 títulos que entraron a la operación. La oferta original incluye una quita del 62% sobre los intereses y del 5,4% sobre el capital, para comenzar a pagar en 2023.

La negociación comenzó formalmente ayer lunes, luego de que el Comité de Acreedores de la Argentina; el Grupo de Titulares de Bonos del Canje; y el conformado por BlackRock, Templeton y Fidelity rechazaron la oferta que les presentó el Ministerio de Economía.

Justamente, la idea de que podría darse cierto acercamiento en las posiciones, que circuló en la tarde del lunes en Wall Street, en los minutos previos al cierre, redundó en un dispar rebote de los bonos argentinos, de entre 3% y 7,2%.

La carta de «fondo»

De todas formas, desde el propio equipo económico creen que, así como el Gobierno y los fondos de inversiones internacionales se guardan sus cartas sin mostrarlas, en una negociación que se espera áspera y al filo del fracaso, el Fondo Monetario también jugará fuerte en este escenario.

Kristalina Georgieva, titular del FMI, se apuró a respaldar la oferta argentina. El propio organismo había recomendado una monumental quita de la deuda con los acreedores privados, de entre u$s55.000 millones a u$s85.000 millones.

En un contexto internacional complicado en extremo por el coronavirus, hay quienes suponen que el Fondo Monetario tiene incentivos adicionales para que la Argentina y los acreedores lleguen a buen puerto con esta negociación.

No porque la Argentina representa un lugar especial en un contexto de caídas generalizadas y riesgos de default a nivel global, sino por la propia reputación del organismo, que comprometió gran parte de su poder de fuego en un solo país, con el único objetivo de darle un respaldo político al anterior gobierno.

La forma del apoyo del FMI no está clara todavía, y se duda sobre si habrá un aporte concreto. Sin embargo, desde Washington apostarían a un acercamiento de las partes si las negociaciones se tensan más de la cuenta. De ahí que un gesto de «buena voluntad» por parte del gobierno argentino abriría las puertas a esa intervención.

«Si hay default, para el FMI también sería un fracaso político. Algo que pesa -a nivel político- en un contexto de severa crisis global», analizan desde uno de los despachos oficiales.

El peso del default

Contra lo que opinan desde algunos sectores ligados al oficialismo, un default de la deuda tendría implicancias negativas para el país. A la vista existen distintas maneras objetivas de medir ese costo.

En primera instancia, una cesación de pagos le cerraría las puertas a la Argentina de conseguir financiamiento de parte de los organismos internacionales. Al día de hoy, la exposición de esos organismos en el país ronda los u$s27.000 millones, tomando en cuenta al Banco Mundial, el BID y la CAF (Corporación Andina de Fomento).

Un default implicaría que esa exposición, en vez de agrandarse, debería reducirse. Justo en momentos en que la Argentina no tiene acceso a los mercados de crédito voluntarios, y precisa de esos dólares para inversiones en la economía real.

Habría también implicancias de política internacional: es difícil pensar en un peso estratégico de la Argentina en el G20, si se encuentra en cesación de pagos de su deuda.

Y, también, se escaparía la manera de estar en default sin estar en default. ¿Acaso no se lograría eso si se cerrara un trato que contemple por lo menos dos o tres años de gracia?

De un final así, que le sirva a la Argentina y cierre un nuevo capítulo estresante de la deuda, también depende que Guzmán tenga muñeca en la negociación. Y, Fernández, decisión política.

IProfesional.com


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