Nubes que echan sombras sobre la recuperación de la economía

La avenida Alvear estaba cortada de punta a punta. El azul de los vallados y el bordó de los uniformes de la Policía de la Ciudad, multiplicados por decenas, le ponían color a una mañana gris, casi negra, en ese majestuoso pasaje de la Recoleta. La tranquilidad habitual de la zona se había transformado en una incómoda tensión. No era para menos.

Las medidas de seguridad se habían extremado, por la presencia de ministros Marcos Peña, Nicolás Dujovne, Juan José Aranguren, Andrés Ibarra, Francisco Cabrera, legisladores, el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, y, sobre todo, empresarios. Fue el jueves pasado a la mañana, cuando se desarrolló la edición porteña del Council of Americas, una fecha fija de la agenda de cónclaves del establishment local.

Súbitamente, algo enturbia el clima de negocios que el recambio presidencial había renovado en la Argentina. Son cada vez menos quienes creen que las chispas de violencia política que se vieron en las últimas semanas hayan sido aisladas, encendidas por algunos trastornados inofensivos.

«Es preocupante», definía un empresario de la alimentación, quien siguió la batalla de PepsiCo. con atención porque, en su propia empresa, había vivido un episodio similar. «Son grupos ideologizados, que tienen otro objetivo», agregaba un lobbysta sectorial.

Observa la penetración de agrupaciones radicalizadas en las comisiones internas de determinados perfiles de empresas, preferentemente, de filiales de multinacionales cobijadas por el Tío Sam.

«Lo de anteayer fue positivo porque transparentó: mostró lo que buena parte de la sociedad no está dispuesta a tolerar más. Pero, también, es una imagen difícil de borrar», resumía otro. Se refería a las viralizadas fotos de los camioneros émulos de Van Helsing que el martes, en la Plaza de Mayo, se pertrecharon con cruces de madera, no para cazar vampiros, sino para dirimir sus diferencias según prescribe el protocolo de la diplomacia sindical.

«¿Cuánto más se sostiene la Capital totalmente bloqueada, por lo menos, dos veces a la semana?», se preguntaba un industrial.

Eran los temas que hacían que sus rostros, sonrientes hasta entonces, adquirieran gesto grave. Afuera del Hotel Alvear, la lluvia había dado una tregua.

Adentro, las buenas caras de muchos no se debían, precisamente, al mal tiempo que se vivía desde el alba. Esa misma tarde, el Indec anunció que la economía había crecido 4% interanual en junio, con un acumulado de 1,6% en el primer semestre versus la mitad inicial de 2016.

El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) mostró mejoras en 14 de los 15 sectores que releva y, además, había registrado su segundo período consecutivo de evolución mensual.

Los brotes verdes, de a poco, germinan. Y prometen iniciar un ciclo de crecimiento que, si no serán los 20 años que vaticinó Dujovne, tampoco parecerán marchitarse como flor de verano.

«Soy optimista», asegura el economista jefe de uno de los mayores bancos del sistema local. Se jacta de haberlo sido, incluso, pese a que debió justificar ante casa matriz por qué la filial de esta entidad internacional había cerrado 2016 con un ROE negativo de 10 puntos, en términos reales.

«A cómo están las cosas hoy, proyecto un crecimiento de PBI de 3% a 4% promedio anual por los próximos cuatro años», pronostica. La inflación, calcula, estará en 17% en 2018 y convergerá a un dígito en 2019. «Hay algo que puede alterar la proyección de crecimiento: la inversión», aclara. La calcula, actualmente, en menos de 20% del producto. «Es bajo. Si sube a por encima de ese límite, el ritmo acelera», completa.

He ahí la cuestión. Cualquier episodio por más insignificante que parezca puede magnificarse, según el buffer con el que llegan a oídos del exterior.

La repentina notoriedad que adquirió la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), con el malón de confusión que trajo consigo como la desaparición de Santiago Maldonado, agregó dudas a quienes, todavía, despejaban algunas incógnitas estrictamente económicas en sus ecuaciones de inversión.

«Animate a hablarles de mapuches armados a los inversores de afuera, a ver con qué cara te miran», resume un experimentado empresario, sugiriendo con su gesto- que él ya hizo la prueba.

No puede evitar el recuerdo que le arroja su memoria histórica. Hombre de mundo como pocos, su familia, completa, se refugió en los Estados Unidos a mediados de los 70 por la violencia política imperante, tanto en la Argentina como en otros rincones del planeta.

Tal vez, el industrial exagere, al comparar estos destellos con la locura armada de cuatro décadas atrás. Pero, esa misma noche, en La Plata, manifestantes atacaron con bombas molotov el Senado bonaerense y, tras ser incendiados intencionalmente, dos autos explotaron frente al Ministerio de Seguridad provincial.

Un tufillo a pólvora enturbia la atmósfera de negocios que se había empezado a formar. Y configura nubes que podrían echar sombras y amenazar con difuminar el horizonte de recuperación que la economía ya había empezado a trazar.

Cronista

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