Radiografía de la minería en la Argentina: un futuro promisorio y una preocupación urgente

El plan “Argentina Productiva 2030” . Tiene por objetivo sacar de la pobreza a 9 millones de personas, generar 2 millones de empleo privados y crear 12.000 empresas por año. De las 10 misiones, la séptima implica potenciar el desarrollo minero y el cuidado del ambiente, porque según dijo el titular de la unidad Daniel Schteingart, está sub-aprovechada.

Con el propósito de hablar de minería y mostrar los últimos datos oficiales del sector, la consultora LLYC organizó una mesa debate y taller para periodistas en el Hotel Emperador junto a destacados expertos. Durante la presentación se remarcó que la minería recuperó los niveles de exportación previos a la pandemia, se analizaron proyecciones de crecimiento de ventas e inversiones y se mencionaron los desafíos pendientes para potenciar la actividad.

Si bien el 80% de las ventas de las grandes mineras en operación queda en el país y la minería acumuló entre 2003 y 2021 unos u$s54.000 millones de superávit en divisas, todavía hay mucho por recorrer. Cuando en 2011 las exportaciones argentinas marcaron un récord de u$s4.300 millones en Chile, con la misma cordillera, se exportó u$s50.000 millones. “Lo que sí pasó es que ya recuperamos los volúmenes de la prepandemia y sostuvimos los niveles de empleo, con salarios siempre por encima del promedio, y el año pasado fue uno de los tres sectores que aportó dólares al país”, detalló Luciano Berenstein, director ejecutivo de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros (CAEM).

A su lado, Daniel Schteingart, director del Centro de Estudios para la Producción (CEP XXI) y titular de la Unidad Ejecutora “Argentina Productiva 2030”, del Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación, aventuró que para “luchar contra el cambio climático vamos a necesitar más minería”, y destacó la formación de la Mesa Nacional sobre Minería Abierta a la Comunidad (Memac), que prontamente será convocada de forma itinerante primero en Buenos Aires y luego por las provincias, y la apertura inminente del Sistema de Información Abierta a la Comunidad sobre la Actividad Minera en la Argentina (Siacam), donde se volcarán todos los datos del rubro. “Queremos dialogar sobre minería, saber los pro y contra, cómo mejorar lo bueno y mitigar los impactos negativos, porque los diálogos sordos no son el camino”, ilustró.

Según los últimos datos del CEP XXI de Schteingart con base en SIPA y AFIP, la minería ostenta 34.000 empleos directos, con un efecto multiplicador inédito: por cada un trabajador formal en minas hay otro igual en construcción, servicios, industria, hotelería, transporte, gastronomía o comercio, que además, por ser contratista de mineras cobran hasta 40% más, por la estabilidad y durabilidad de las inversiones. La metalífera tiene un 95% de asalariados registrados, con salarios promedio que llegan a $313.000 mensuales. La tasa de pobreza de esas familias mineras es del 8,2%, con 3 de cada 10 empleados con formación universitaria y una alta calificación laboral para las tareas profesionales (17%), técnicas (30%) y operativas (49%). Asimismo, tiene un bajo nivel de accidentes en comparación a la construcción, pesca, comercio, electricidad y gas o la extracción de petróleo, con 21 casos con día de baja y secuelas cada 1.000 trabajadores.

Al ser una fuente de empleo formal y bien pago, la minería es una actividad de relativamente alta inmigración. Se estima que un 55% de los mineros nació en la localidad donde trabaja. Según un informe de la Secretaría de Minería de la Nación de enero de este año, la Argentina cuenta con 87 proyectos mineros en distintos estados de avance. Se destacan 17 minas en producción, 3 en etapa de construcción o ampliación y otros 12 proyectos que ya anunciaron su factibilidad técnica y económica. En plata hay 5 proyectos en etapa avanzada y en oro el país es el 20° productor mundial, con dos de los 25 proyectos más importantes del mundo. El cobre emplea a 12.000 personas y pronto se sumarán 4.500 más.

Daniel Schteingart consideró que la minería puede aportar las divisas para “sacar el país adelante” y ayudará a descentralizar el aparato productivo nacional, con la creación de miles de puestos de trabajo de altos salarios y formales, sobre todo en el interior. “Nunca fui antiminero, pero no veía con interés particular a este sector. Cuando hice mi tesis doctoral cambié esa percepción de que era malo exportar un recurso natural versus exportar celulares, algo de países muy desarrollados. Pero también hay grandes exportadores de materias primas como Australia, Canadá, Nueva Zelanda o Noruega desarrollados. Me puse a estudiar y vi que Estados Unidos no pudo tener su revolución industrial sin minería, al igual que Inglaterra sin minería de carbón o que China no sería hoy lo que es, el país más minero del mundo, con el 20% del PBI minero total. Cuando uno sabe esto le cambia la percepción”, comentó durante la charla.

Para el sociólogo, una de las causas del letargo en el desarrollo fue la deficiente comunicación tanto de las empresas como de los Estados sobre la actividad. “A veces se publican cosas que están mal o distorsionadas. Al igual que la energía nuclear, tuvo muy mala prensa. La cultura del hermetismo, la burocracia al comunicar, restó mucho. Ahora está cambiando, veo que en el último año en comunicación se hicieron cosas más interesantes”, enfatizó.

“El caso de Catamarca, con Bajo de la Alumbrera, que se presentó como que la provincia se iba a salvar y la mitad de la gente que se contrató venía de Tucumán, que tiene la minería prohibida, es lógico que se arme un problema. Vendieron la salvación y después las mejoras fueron más acotadas. Hasta los dirigentes empresarios se radicaban en Tucumán. Ahora existen requisitos de proveedores locales que antes no, y los beneficios son distintos”, analizó Schteingart.

Para el periodista especializado y consultor sanjuanino Guillermo Juárez, “la construcción de la confianza es indispensable y la minería tiene un sin número de posibilidades de desarrollo que deben comunicarse”. Juárez planteó la necesidad de la prensa de romper mitos, que son fácilmente rebatibles, si se sabe a quién están dirigidos los mensajes. “Tenemos la responsabilidad de devolverle al sector la credibilidad que el sector perdió por ineficiencia”, aseveró, y apuntó también al rol del Estado. “Como tutelar de nuestros recursos no ha hecho su trabajo de comunicar qué es lo que le exigen a las empresas que trabajan en nuestro patio. Los gobiernos deben hacerse cargo de las responsabilidad que les cabe y permitir la minería”, completó.

Adriana Sirito, directora regional de Sustentabilidad en Moody Brook Consultores, recalcó que es importante “promover la educación para poder trabajar en procesos en los que las ideologías radicales son obstaculizantes” y sumó la necesidad de “poder conversar y abrir el diálogo, que ayudan a construir confianza en este sector”. De hecho, durante la pandemia las mineras destinaron $400 millones para atención de la salud y alimentación, con la compra de testeos, insumos médicos, productos de higiene, armado de hospitales de campaña, respiradores y equipamiento hospitalario.

Sirito destacó al mismo tiempo el aporte de la minería a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU y reveló que al 2018 del total de la inversión en RSE del país, que fue de $4.050 millones, unos $1.800 millones corresponden a 13 empresas mineras. Sin embargo, para la especialista todavía es un nivel bajo, ya que solo 48% de estas empresas tiene orientadas sus políticas de RSE a los objetivos de la ONU. “Pensando en la lógica del aporte de la minería a los ODS, hay algunos que son prioritarios y son los que tienen que ver con la sostenibilidad ambiental, la inclusión social y el desarrollo económico”, indicó.

Un futuro promisorio

Para Luciano Berenstein, el problema de la comunicación se vincula a la experiencia minera del país y por eso se busca cambiar el paradigma, para “bajar a la práctica” la actividad. Por ejemplo, Chile tiene 100 años de minería y unos 200 proyectos metalíferos en marcha, cuando aquí son solo 13. “No es solo falta de comunicación. Sabemos que hay que comunicar y abrir el proceso de información con las comunidades, pero hay que entender que la minería desde 1993 tiene una ley que propicia la llegada de inversiones, es un proceso, es una industria joven”, indicó, y agregó: “A la minería se le exige muchas más cosas que a otras industrias, pero es la que más cumple”.

El directivo de la CAEM, con 12 años de experiencia en la entidad, aseguró que es un “momento propicio” para desarrollar al sector por el valor internacional de los minerales, lo que está sucediendo políticamente en países vecinos y competidores y el avance a las energía limpias. “Para el 2030 esperamos llegar a los u$s10.000 millones de exportaciones, es decir, triplicar lo que tenemos actualmente (u$s3.116 millones previstas para 2022), siempre y cuando los proyectos de cobre y de litio entren en producción y se den las condiciones internacionales adecuadas”, sostuvo, y celebró el avance en el trabajo de exploración de litio, clave para el futuro. “Hoy somos el segundo país con reservas de litio a nivel mundial con dos proyectos en producción, y hace dos años éramos el cuarto”, remarcó.

En cuanto a los empleos dijo que se busca llegar a 120.000 entre directos e indirectos, de los actuales 83.000 que ellos contabilizan de todos los anillos productivos asociados. “Esperamos inversiones por u$s20.000 millones en los próximos 10 años”, dijo Berenstein, con un aporte tributario en todos los niveles por $88.100 millones. Como anticipo, dijo que para fin de año se espera el anuncio de entrada en producción del proyecto Olaroz Cauchari, de la minera Exar, que será el tercero del país.

Los expertos anticipan que la transición energética hacia matrices productivas limpias requerirá más minería. La Agencia Internacional de Energía (AIE) aseguró que un mundo sin carbono multiplicará la demanda de minerales que Argentina posee. Para las energías renovables es fundamental el cobre; para las turbinas eólicas el manganeso, platino y las tierras raras; para fabricar baterías para vehículos eléctricos se necesita litio, cobalto y níquel. En 2020 se fabricaron 10 millones de autos eléctricos en el mundo, pero para 2030 se planifican 137 millones. Cada uno carga hasta 83 kilos de minerales, pero si se habla de buses eléctricos, cada uno lleva hasta 369 kg.

En ese marco, Berenstein reiteró la necesidad de poseer un marco jurídico estable, el cumplimiento y fortalecimiento de la estabilidad fiscal por 30 años, retenciones con esquemas progresivos, la devolución del IVA para proyectos de exportación y el libre acceso al mercado de cambios. “Por los volúmenes de inversión que tiene el sector es clave para cumplir con los repagos de los préstamos en dólares”, enfatizó.

Una preocupación urgente

La minería está preocupada por la falta de gas. Aunque el Gobierno nacional avanzó con los acuerdos para garantizar la provisión en el invierno con más suministro de Bolivia y Brasil, esta industria demandante es susceptible de cortes para no desabastecer el consumo doméstico. “No sé cómo va a manejar el Estado la lista de prioridades, pero estamos haciendo las gestiones necesarias para estar dentro de la priorización. Todavía se está viendo la manera de solucionarlo y estamos a la cabeza del reclamo”, subrayó el ejecutivo de CAEM.

Berenstein aclaró que la preocupación del sector es la misma que la de todo el país. “Nos afecta como a todos, principalmente en el norte del país, en los proyectos de litio, que utilizan el gasoducto del NOA. Sin gas se paraliza la producción, aunque vamos a buscar la forma de seguir produciendo. Estamos trabajando para ver a quién va a afectar, pero todavía es incipiente”, alertó.

Ámbito.com

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