Temer prepara contraataque y apunta a un fiscal que lo denunció

La denuncia por corrupción presentada contra el presidente Michel Temer abrió una nueva fase de la crisis en Brasil, con interrogantes sobre la respuesta que dará el debilitado mandatario para evitar perder el apoyo de su base política y de los mercados. Según el diario O Globo, Temer iniciará una embestida contra Rodrigo Janot, el fiscal qué lo inculpó.

En su pedido de acusación entregado al STF, Janot consideró que Temer incurrió en el delito de corrupción pasiva cuando “recibió para sí y por intermedio” de su cercano asesor Rodrigo Rocha Loures, ahora detenido, una “ventaja indebida” de 500.000 reales (unos 150.000 dólares) de uno de los dueños de JBS, Joesley Batista.

El fiscal pidió que Temer pague una multa por daños morales de 10 millones de reales (3 millones de dólares) y solicitó la apertura de otra investigación contra el mandatario y contra Rocha Loures -que fue grabado recibiendo ese dinero en una maleta- por sospechas de haber participado en un esquema para favorecer a una empresa en el sector portuario.

Janot tiene plazo además hasta última hora del martes para eventualmente presentar más denuncias contra el presidente, en una táctica que podría debilitarlo aún más en la Cámara.

En un informe entregado al STF, la Policía Federal ya señaló a Temer como sospechoso de obstrucción a la justicia en el marco de un probable esquema de organización criminal.

En concreto, dijo que el presidente “incentivó” el pago de sobornos al exdiputado Eduardo Cunha, arquitecto de la destitución de Rousseff, para supuestamente comprar su silencio en prisión.

Esa es una de las conclusiones que la dependencia sacó de la grabación de Temer hecha secretamente por Batista y que puso al mandatario en el ojo del huracán desde que salió a la luz el pasado 17 de mayo.

Caminando en la cuerda floja desde entonces, Temer (PMBD, centroderecha) superó su primera gran prueba de fuego a mediados de mes: logró ganar por un estrecho margen de 4 votos a 3 un juicio en el Tribunal Superior Electoral que podía haber anulado su mandato por abusos y financiación ilegal.

Y hasta ahora ha logrado que su principal socio de gobierno, el PSDB (centroderecha), no haya desembarcado, asestándole un golpe mortal.

Temer deberá centrar ahora todas sus energías en la Cámara de Diputados, su aliada desde que asumió el poder en 2016, para evitar que prospere el proceso en su contra.

Esta es la primera vez en la historia de Brasil que un mandatario en funciones es inculpado formalmente y ocurre poco más de un año después del impeachment a la izquierdista Dilma Rousseff por manipulación de las cuentas públicas.

Dos tercios de los diputados deben validar esa denuncia para que sea evaluada por el Supremo Tribunal Federal (STF), algo que ahora mismo parece improbable ante la amplia mayoría oficialista y cerca de la mitad de los legisladores involucrados en casos de corrupción.

Pero, si hubiera sorpresas y el caso avanzara en la corte, esto obligaría a Temer a apartarse del cargo durante un máximo de 180 días mientras juzga el caso.

“Nada nos destruirá. Ni a mí, ni a mis ministros”, proclamó desafiante el presidente conservador horas antes de que se conociera la inculpación.

 

 

Comparte:

Noticias relacionadas