La CGT, en tensión con el peronismo por la mesa electoral de 2027

La central obrera quedó en el centro de la discusión por la estrategia electoral del peronismo y enfrenta reclamos internos para no quedar al margen de la negociación. En paralelo, persisten los vínculos de varios dirigentes sindicales con el gobierno de Javier Milei, un factor que complica su posicionamiento político.

“La historia del sindicalismo argentino suele reescribirse en cada etapa de poder”, y esta vez la CGT vuelve a quedar bajo la lupa en medio de la discusión peronista por el armado electoral rumbo a 2027. La central obrera enfrenta presiones de sus propias bases y de los movimientos sociales, que reclaman su incorporación a la mesa que ya se reunió dos veces para buscar un entendimiento político de cara a la próxima elección presidencial.

La conducción cegetista dejó trascender su malestar por no haber sido invitada a los encuentros que tuvieron lugar, uno en agosto en el Hotel Emperador y otro la semana pasada en la casa de La Pampa, en el microcentro porteño. Ese enojo, que ya había sido anticipado por este medio, emergió con fuerza en una reunión realizada este martes en el sindicato del Seguro, donde participaron los tres triunviros junto con Gerardo Martínez, de la Uocra; Andrés Rodríguez, de UPCN; Héctor Daer, de Sanidad; y José Luis Lingeri, de Obras Sanitarias, entre otros dirigentes.

En paralelo, los movimientos sociales también quieren plantearle a José Mayans y a Germán Martínez, jefes de los bloques del peronismo en el Congreso, que integren a los trabajadores en la discusión sobre el próximo candidato a presidente. La idea de fondo es que la construcción de una oferta competitiva no quede limitada a los sectores ya sentados en la mesa, sino que incorpore a actores sindicales y territoriales con peso real en el voto peronista.

Sin embargo, en el peronismo advierten que la CGT estaría buscando argumentos para no sumarse a una mesa en la que debería estar de manera natural, como la columna vertebral histórica del movimiento. Según esa lectura, la resistencia no responde sólo a diferencias políticas, sino también a la voluntad de evitar una tensión abierta con el gobierno libertario de los hermanos Milei.

Lo cierto es que, en la mesa peronista, además de los dos jefes de bloque, ya participan Axel Kicillof, Máximo Kirchner, Sergio Massa y gobernadores. Incluso en la última reunión estuvo Juan Manuel Olmos, referente del peronismo federal. En ese marco, la ausencia de la CGT luce más como una señal política que como una omisión administrativa, sobre todo porque la central obrera había acompañado en su momento a Kicillof en su carrera presidencial.

Pero el escenario cambió. Hoy varios de sus principales dirigentes mantienen acuerdos y canales de interlocución con la administración nacional, lo que condiciona su margen de maniobra frente al resto del peronismo. En el caso de la Uocra, un dirigente peronista recordó que el gremio perdió la mitad de sus empleos con Milei y, aun así, Gerardo Martínez se reúne una vez por semana con Karina Milei, sin haber impulsado una propuesta concreta para aliviar la situación de sus afiliados.

También aparece el caso de Lingeri, de Obras Sanitarias, quien no se opuso a la privatización de AySA. En el sector industrial, además, son conocidos sus históricos vínculos con Mauricio Filiberti, empresario que se quedó con la compañía. La cercanía entre ambos fue resumida con una ironía por un hombre del rubro, que sostuvo que a veces ni siquiera saben qué es de quién. En el pasado, Elisa Carrió también había denunciado esa relación sospechosa.

A eso se suma el ida y vuelta de cientos de miles de millones con las obras sociales sindicales que administra el ministro de Salud, Mario Lugones, un funcionario con fluidos contactos con el sindicalismo. Lugones llegó a ser socio del Sanatorio Güemes junto con Luis Barrionuevo y Enrique Nosiglia, una trayectoria que ilustra los cruces históricos entre negocios sanitarios, política y poder gremial.

En el plano económico y regulatorio, el impulso reformista de Javier Milei y de Federico Sturzenegger se frenó justamente en la puerta de las obras sociales sindicales, a las que no se les introdujeron cambios de fondo. Ese límite refuerza la idea de que el vínculo entre el Gobierno y parte del sindicalismo es más pragmático que ideológico: hay confrontación en el discurso, pero también preservación de espacios de influencia.

Análisis y proyecciones: si la CGT finalmente decide no integrarse plenamente a la mesa, el peronismo podría llegar a 2027 con una fractura menos visible en lo formal, pero más profunda en lo estratégico. La historia reciente muestra que cuando el sindicalismo queda al margen del armado político, pierde capacidad de incidencia, aunque conserva poder de negociación sectorial. En cambio, si se incorpora, deberá definir si acompaña una estrategia de confrontación con Milei o si preserva su relación de interlocución con la Casa Rosada. Esa ambivalencia, habitual en momentos de reordenamiento interno, puede terminar definiendo tanto la unidad del peronismo como la posición futura de la central obrera.

Evolución reciente del tema: en los últimos años, la CGT pasó de ser un actor central de oposición al gobierno de Mauricio Macri a una relación mucho más compleja durante la etapa del Frente de Todos, y luego a una convivencia pragmática con la administración libertaria. Ese giro refleja un sindicalismo que ya no actúa con un bloque homogéneo: mientras algunos dirigentes priorizan la defensa clásica del empleo y las paritarias, otros buscan sostener canales de negociación con el poder de turno para preservar cajas, obras sociales y espacios de influencia. En ese marco, el peronismo intenta reordenar su conducción política y la CGT debate si vuelve a ocupar el rol de columna vertebral o si prefiere mantener una posición de autonomía funcional.

Así, la discusión ya no pasa solamente por una invitación protocolar a una mesa, sino por una definición de fondo: si el sindicalismo acompañará la reconstrucción del peronismo o si apostará a una supervivencia política propia, más vinculada a sus acuerdos actuales que a una estrategia común de largo plazo.

Fuente:www.identidadcorrentina.com.ar

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