En un silencio medido, el secretario general del Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa, Marcelo Rucci, mastica el rebote de la reforma laboral en Vaca Muerta y nivela su relación con gobernadores de la Patagonia mientras observa, con cautela, la reacción de las empresas.
Los votos de Neuquén y el poder territorial
Mucho se especuló sobre la negociación que dejaría para la provincia que comanda Rolando Figueroa el acompañamiento a la reforma laboral. En ese toma y daca, Neuquén obtuvo una compensación histórica vinculada a la deuda con su caja previsional, un reclamo sostenido durante años por sucesivos gobiernos del Movimiento Popular Neuquino (MPN). Ese antecedente encendió las alertas en el mundo sindical.
Corroza dejó trascender que no acompañaría artículos que perjudiquen al trabajador de la cuenca neuquina. Ese gesto fue leído en el sindicato como una señal relevante. En el delicado equilibrio entre gobernabilidad y defensa sectorial, los petroleros privados se convirtieron en un factor de presión silencioso.
El banco de horas y la línea roja
Durante el verano, Rucci bajó un mensaje directo ante una asamblea en Añelo. Dijo que la dignidad “es salir a trabajar todos los días” y que el sindicato no convalidará la exclusión de nadie. La frase no fue casual. En el paquete de reformas aparecen figuras como el banco de horas, la ampliación de tareas y cambios en las condiciones de contratación, puntos que en la visión de los petroleros privados podrían abrir la puerta a una flexibilización.
La conducción del gremio fue en su terminante interno. No aceptará multiplicidad de tareas que diluyan categorías ni esquemas que permitan compensar horas extras con francos a discreción empresaria. Tampoco avalará mecanismos que habiliten despidos encubiertos bajo la lógica de reestructuraciones productivas.
Para Rucci y su tropa, el trabajo se organiza bajo convenios colectivos que fueron adaptándose a la especificidad del no convencional. Desde la adenda firmada en 2017, el sector aprendió a negociar productividad a cambio de garantías de empleo. Ese antecedente pesa hoy en la discusión. Cualquier modificación debe preservar ese equilibrio.
“Los viejos” intocables en Vaca Muerta
En la jerga interna, los viejos son los trabajadores de campo con experiencia acumulada en torres y equipos de fractura. Son el núcleo duro del sindicato. Rucci repite en cada acto que no permitirá que “el riesgo empresario” recaiga sobre “el lomo de los trabajadores”. La frase sintetiza una posición inquebrantable.
En los yacimientos de Neuquén, Río Negro y La Pampa, el temor a una ola de despidos no es menor y la reforma laboral es leída como una herramienta que podría inclinar la balanza hacia las operadoras.
Sin embargo, el vínculo con las empresas no es de confrontación abierta. Desde los tiempos de Guillermo Pereyra, el sindicato cultivó una relación pragmática con las petroleras. El crecimiento exponencial de Vaca Muerta fue acompañado por acuerdos salariales vigorosos y una expansión notable de la base afiliada. Esa historia compartida condiciona la estrategia actual.
Judicialización y cálculo político
En el mundo sindical petrolero entienden que este año no habrá ley plenamente operativa porque todo terminará en los tribunales. La convicción de que la reforma será judicializada ordena hoy la estrategia gremial. Mientras, el sindicato mantiene una postura expectante.
El cálculo no es menor. Un conflicto abierto en Vaca Muerta tendría efectos inmediatos en la producción. El Gobierno necesita dólares y exportaciones crecientes. Las provincias requieren regalías. Las empresas demandan previsibilidad. En esa trama, Rucci juega una partida compleja.
El líder petrolero no quiere lesionar la relación cordial con las operadoras, pero tampoco dar alguna prueba de inacción. La conducción con puño firme convive con una mesa de diálogo permanente. El mensaje hacia adentro es claro: “si tocan a un viejo”, habrá respuesta.
Modernización o ajuste encubierto
El gobierno nacional presenta la reforma como un proceso de modernización del mundo del trabajo. En el sindicato premium de Vaca Muerta la lectura es más escéptica. Admiten que la industria cambia, que la automatización avanza y que los perfiles laborales evolucionan. Pero sostienen que la transición no puede financiarse con pérdida de derechos.
En las reuniones internas se analiza artículo por artículo. Se evalúan impactos en indemnizaciones, períodos de prueba y modalidades contractuales. También se monitorea la postura de otros gremios energéticos y de la CGT. La estrategia, por ahora, combina prudencia pública y firmeza privada.
Rucci sabe que su capital político se asienta en la defensa del empleo. También comprende que la estabilidad macroeconómica influye en la continuidad de inversiones. En esa tensión se mueve, consciente de que cualquier chispa puede alterar el orden general.
En el sur del país todos lo saben. Si hay conflicto, el impacto será directo en los yacimientos. Por eso la negociación es silenciosa y el discurso, medido. La reforma laboral abrió un frente sensible en el corazón energético argentino, con el Sindicato de Petróleo y Gas Privado como protagonista. Y allí, entre asambleas, se define hasta dónde está dispuesto a ceder y dónde plantará bandera el mundo gremial.
Fuente: letrap.com


