El empleo y los salarios constituyen uno de los termómetros más precisos para medir la salud de las economías provinciales. En un país atravesado por fuertes desequilibrios territoriales, los indicadores laborales muestran cómo cada región sintió de manera distinta el impacto de la caída de la actividad y el ajuste fiscal de 2024, así como los primeros efectos de las políticas del actual gobierno. La construcción, el petróleo y la minería emergieron como los sectores que marcaron las diferencias en el desempeño de cada jurisdicción.
Según el documento firmado por Jorge Day, responsable de la sección Regional del think tank cordobés, Neuquén se consolidó como la gran excepción. Apoyada en la expansión de Vaca Muerta, la provincia mostró crecimiento simultáneo en empleo y salarios. Mendoza y Tucumán también escaparon a la tendencia general, gracias al agro, que compensó el retroceso en la construcción.

En el extremo opuesto, Formosa, Santiago del Estero y San Luis exhibieron el peor desempeño, con caídas tanto en empleo como en remuneraciones. El informe recordó que en Formosa «años atrás, la construcción llegó a representar el 25% del empleo privado», lo que explica la magnitud de la contracción. Santiago del Estero y San Luis sufrieron además el retroceso industrial.
Un tercer grupo de provincias combinó pérdida de puestos de trabajo con subas salariales. Tierra del Fuego y Santa Cruz encabezaron este fenómeno, seguidas por Catamarca, La Rioja y San Juan. En la isla austral, «cayó el empleo industrial, pero el salario en ese sector aumentó», lo que constituyó una de las sorpresas del estudio. Algo similar ocurrió en las zonas petroleras, donde solo Neuquén logró aumentar la extracción de crudo, mientras que en el resto la producción se redujo, aunque los salarios del sector crecieron con fuerza.
La minería también explicó parte de las mayores remuneraciones en provincias del NOA y Cuyo, incluso en contextos de menor empleo. El turismo, en tanto, sufrió por el encarecimiento del dólar y la baja demanda externa, aunque se observaron recomposiciones salariales que acercaron los ingresos de varias provincias a los de la Ciudad de Buenos Aires. El informe destacó que esta paridad resultó «inusual» y dejó interrogantes sobre su sostenibilidad.
La construcción se ratificó como la actividad más volátil y su derrumbe durante 2024, por el freno de la obra pública nacional, golpeó a todo el mapa productivo. El impacto fue más severo en los distritos más dependientes de los fondos de la Nación, como Formosa.

La reducción de la obra pública también estuvo vinculada al recorte de transferencias no automáticas desde la Nación hacia las provincias. Según un relevamiento del Congreso, en julio de 2025 las transferencias discrecionales crecieron 90,5% en términos reales frente al mismo mes de 2024, pero aún se ubicaron 67,5% por debajo de 2023. Como resultado, varias jurisdicciones quedaron con menores recursos para sostener inversiones en infraestructura y obra pública, lo que amplificó el deterioro del empleo en construcción.
De cara al futuro inmediato, el trabajo advirtió que la economía nacional entró en una fase de desaceleración, acentuada por la incertidumbre financiera y la suba de tasas. En este escenario, no se esperarían aumentos significativos de salarios y podría darse un estancamiento del empleo privado al menos hasta las elecciones.
Las diferencias regionales volverían a estar determinadas por dos variables. Por un lado, el avance de la minería y el petróleo, con Neuquén y las provincias mineras como potenciales beneficiarias gracias al Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI). Por otro, la posible recuperación de los fondos nacionales, que «podrían comenzar a aliviar a las provincias más dependientes del gasto público», según el informe.
Así, el mapa laboral argentino muestra un presente de contrastes: mientras algunas jurisdicciones encontraron en la energía y los recursos naturales una vía de crecimiento, otras sufrieron con mayor crudeza el ajuste fiscal y la retracción de la obra pública. El empleo y los salarios, una vez más, funcionaron como espejo de esas desigualdades.
La puja entre el Ejecutivo y los gobernadores, en tanto, suma otra capa de incertidumbre. Distritos como Córdoba, Santa Fe, Chubut, Santa Cruz y Jujuy conformaron un frente político con el objetivo de reclamar mayores recursos y recuperar fondos para infraestructura. «La realidad actual exige vocerías que defiendan a la Argentina del trabajo», afirmaron en un comunicado conjunto. Este conflicto entre la Casa Rosada y las provincias puede definir no solo la dinámica electoral sino también el rumbo de la obra pública y, por ende, el empleo y los salarios en el interior.
Fuente: elcronista.com