na semana más política que económica. Las variables financieras estuvieron bajo control. Poca volatilidad cambiaria, tasas tranquilizándose. El riesgo país volvió a bajar de los 500 puntos; el Central compró poco. Agosto cerró con mejores datos de crédito y algunas mejoras en cuanto a venta de autos y buen nivel de motos. Los datos de cemento siguieron flojos y la recaudación más o menos. Es decir, agosto no parece haber sido un desastre en materia de actividad, pero tampoco parece haber sido un mes de gran recuperación. De todas formas, son sólo los primeros datos. Lo que sí, los datos de opinión pública parecen haber mejorado dentro de su mediocridad. Pero para que mejoren mucho, primero tienen que mejorar un poco.
En términos de crédito, fue un muy buen mes para las hipotecas. En términos nominales, crecieron 5%. La generación fue de unos 360.000 millones de pesos, es decir, unos 230 millones de dólares. Esto fue un 20% más que en julio. A partir de octubre, esto debería tomar un salto con el fondeo del Fondo de Garantía de Sustentabilidad. Los créditos personales mejoraron marginalmente. El dato es que tras meses de ir para atrás, al menos el stock creció algunas décimas.
La inflación parece ser lo mejor de estos días para la política económica. Nos enteraremos el jueves, pero el 100% de los que miden dicen que la infla bajó respecto de julio. Para algunos fue tan baja como 1,4%; otros están más en 1,8%. Con cualquiera de estos números, hay mejora de ingreso disponible.
El escenario internacional sigue siendo favorable para la Argentina. Los precios agrícolas ayudando a full. Maíz y trigo más de 20% arriba que un año atrás, soja casi 30% arriba. El Brent moviéndose entre 90 y 100 dólares el barril. Son buenas noticias que no cambian el humor en el conurbano, pero le dan más sostenibilidad macro al modelo. Es decir, esto hace que el Banco Central pueda comprar más dólares o que el modelo se banque más compras de dólares de argentinos.
¿Debería el BCRA comprar más dólares y permitir que el peso pierda un poco de valor? La discusión tiene sentido porque eso ayuda a pensar que un banco central mejor dotado de cara al 2027 va a ser capaz de morigerar la volatilidad financiera que provenga de la incertidumbre política. Dado que se puede pensar que con un peso más débil la actividad también puede andar algo mejor, esto también ayuda a reducir la volatilidad política. Pero está claro que no hay sólo una forma de hacer las cosas. La otra pregunta relevante es qué se puede hacer para reducir la demanda de dólares de locales. Dado que no hay mucha inversión extranjera de portafolio, el riesgo no está ahí.
Habiendo dicho esto, es claro que tenemos un problema con los datos. Los 3.000 millones que compraron los argentinos en julio (último dato) no fueron 3.000 palos de verdad. Por ejemplo, casi 1.000 palos fueron para pagar las tarjetas de crédito y no dolarización de activos. De los 2.000 restantes, 1.000 quedaron en el sistema. Y eso financia préstamos en dólares. Es una sutileza importante. Quizás la discusión más difícil es cuánto de esta inducción a la intermediación en dólares conspira contra la demanda de pesos, que es quizás el eslabón más bravo del programa.
Para esta semana, tenemos tres indicadores clave. Salen los datos de producción industrial y construcción de julio, que nos terminarán de decir si la actividad en julio fue floja o muy floja. El jueves sale la inflación, que, como ya dijimos, debería aportar una sonrisa para el Gobierno. Sale la primera licitación del FGS. Veremos cómo evolucionan las negociaciones para ver si el 15 se vota la suspensión de las PASO en el Congreso. Está claro que los números están finitos.
Fuente:seul.ar


