La inflación se modera al 3,2% en abril por el abaratamiento de la electricidad

El IPC baja dos décimas respecto a marzo tras las medidas de contención de los precios aprobadas por el Gobierno, aunque los carburantes siguen presionando al alza

La inflación se ha moderado en abril hasta el 3,2% interanual, dos décimas por debajo del registro de marzo, en un contexto marcado por las tensiones energéticas derivadas de la guerra en Irán. El dato adelantado este miércoles por el Instituto Nacional de Estadística (INE) refleja, según el Ministerio de Economía, el efecto combinado del denominado “escudo renovable” y de las medidas fiscales desplegadas por el Gobierno para contener el impacto del conflicto sobre los precios.

La desaceleración se explica, en buena medida, por el abaratamiento de la electricidad, que ha actuado como principal factor de contención en la cesta de precios. En paralelo, la inflación subyacente —que excluye energía y alimentos no elaborados— también se ha moderado ligeramente, hasta el 2,8%, lo que apunta a una cierta estabilidad en las presiones internas.

El comportamiento rompe, al menos de forma parcial, con la narrativa de la mayor parte de los analistas. La inflación había repuntado en marzo al 3,4% y buena parte de los expertos anticipaban una nueva subida similar o incluso superior para abril, en línea con la escalada del crudo tras el estallido del conflicto. El barril de brent, por encima de los 110 dólares, acumula un alza superior al 50% desde el inicio del conflicto en Irán ―el 28 de febrero―, un encarecimiento que ya ha empezado a filtrarse a la cadena de precios a través de los carburantes y los costes de transporte.

No se trata solo de energía. El aumento de los costes de insumos básicos amenaza con extenderse de forma gradual al conjunto de bienes y servicios, en un escenario que ha alterado con rapidez las previsiones macroeconómicas desde finales de febrero. En este contexto, el Gobierno y organismos internacionales asumen que el impacto no será transitorio. En su último informe remitido a Bruselas esta semana, el Ejecutivo ha elevado la previsión de inflación media anual hasta el 3,1%, alejándose de nuevo del objetivo del 2% fijado por el Banco Central Europeo. La hipótesis central pasa por unos precios energéticos elevados durante más tiempo del previsto y con posibles efectos de segunda ronda aún por calibrar.

Aquí es donde empieza la incertidumbre. Si algo demostró la crisis inflacionaria de 2022 es que, cuando la energía marca el paso, las previsiones se vuelven frágiles. Para este mes, entidades como BBVA Research y Funcas habían proyectado un aumento del índice general hasta del 3,7%. Por contra, El Instituto Complutense de Análisis Económico (ICAE) fue uno de los pocos think tanks que anticipó correctamente el dato del 3,2%. Su explicación apunta menos a un cambio de tendencia estructural y más a la coincidencia de varios factores con impacto concentrado en abril.

Por un lado, el efecto de las medidas fiscales aplicadas por el Ejecutivo sobre la energía —como la rebaja al 10% del IVA de la gasolina, gasóleo, luz y gas, o la suspensión temporal del Impuesto sobre el Valor de la Producción de Energía Eléctrica (IVPEE)— que en este mes han impactado de lleno. Por el otro, factores del propio mercado eléctrico que han jugado a favor. Rafael Salas, investigador del instituto asegura que “la dinámica interna de los precios de la energía ha sido el motor principal de esta moderación, con la electricidad registrando un descenso del 16,3% y las gasolinas una caída del 6,5%”.

Además, la mayor entrada de energías renovables ha reducido drásticamente los costes de ajuste del sistema, mientras que el nuevo mecanismo de cálculo de la tarifa regulada, que ahora otorga un peso del 60% a los mercados a plazo, ha blindado parcialmente a los consumidores de la volatilidad diaria. A este complejo entramado técnico se ha sumado, según Salas, un efecto base favorable por la Semana Santa, que al celebrarse parcialmente en marzo, restó presión a los precios de los servicios turísticos que habitualmente tensionan el dato de abril.

Pese al respiro momentáneo, se prevé que para mayo la inflación repunte. Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA Research insiste en que “de mantenerse los actuales precios del petróleo la variación en el IPC podría volver a subir y situarse por encima del 4%”. Además, asegura que habrá que vigilar si las empresas comienzan a trasladar al precio de los bienes y servicios el incremento en el coste de transporte. “El detalle de los datos de marzo no mostró señales importantes en este aspecto. Sin embargo, en la medida en que empresas y trabajadores vayan percibiendo el shock como algo más permanente y menos temporal, los riesgos sobre la formación de precios pueden aumentar”.

En la misma línea, Raymond Torres, director de coyuntura de Funcas, asegura que se observan dos tendencias divergentes. Por un lado, un resultado mejor de lo esperado en su cifra general y por el otro, un comportamiento más preocupante en el IPC armonizado (IPCA), que es el comparable con Europa, donde la inflación total escaló al 3,5% —una décima más que el mes anterior— y la subyacente se situó en el 3,1%. En su opinión, existe una brecha inusualmente pronunciada entre el indicador nacional y el armonizado, lo que sugiere que las presiones sobre los precios, especialmente en la subyacente, siguen siendo relativamente elevadas en comparación con el resto de los países del continente.

Por su parte, Rafael Salas advierte que el alivio observado en abril no se repetirá con la misma intensidad en los próximos meses. A partir de mayo, la inflación se enfrentará a una base de comparación donde el efecto de los impuestos ya estará estabilizado, por lo que no aportará ese empuje adicional a la baja. Y aunque factores como el “escudo renovable” y el mecanismo corrector del mercado a plazo siguen actuando, la ventaja de la comparativa fiscal que marcó el dato de abril se habrá agotado.

Fuente :elpais.com/economia

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