
Los grandes perdedores de esta flotación sucia del dólar con tasas altas son las pymes y las familias. Resulta imposible para una empresa financiarse a tasas exorbitantes que no puede trasladar a precios. Para los individuos, financiar el consumo con la tarjeta se transformó en una bola de nieve que crece con el pago mínimo y costos del 100%.
Desde entonces, la economía quedó atrapada entre la suba del dólar y el endurecimiento de la política monetaria, con el Banco Central aplicando aumentos de tasas para frenar la divisa. Todo esto ocurre en un contexto de recesión del consumo, que no logra repuntar pese a que la inflación se mantiene contenida.
Pymes ahogadas
Las pymes, en su mayoría de carácter familiar, suelen contar con calificaciones crediticias en distintos bancos. Este acceso les permite financiar la compra de bienes de capital (maquinarias, vehículos) o insumos para la producción, lo que se conoce como capital de trabajo. También recurren de manera habitual al giro en descubierto o “adelanto en cuenta corriente”, una herramienta que brinda liquidez inmediata.
El spread es contundente: mientras la tasa de plazo fijo ronda el 40%, el descuento de cheques se ubica en torno al 60%, con diferencias que superan los 20 puntos.
El financiamiento resulta todavía más oneroso si una pyme recurre al adelanto en cuenta corriente, que ya opera con tasas cercanas al 80% anual.
La oferta de los bancos
En el caso de los préstamos, indispensables para crecer y expandirse, los plazos son cortos y la tasa no baja del 50% hasta 24 meses. Con las comisiones de otorgamiento, el costo financiero total escala al 70%.
Antes de endeudarse, los dueños de las pymes deben evaluar si ese gasto puede trasladarse a precios: la mayoría de las veces, la ecuación no cierra por lo caro que resulta el dinero en la Argentina.
Peor es el escenario de autónomos y pequeños comerciantes. En el mejor de los casos acceden a las mismas tasas que las pymes, pero muchas veces operan como personas físicas y el crédito es todavía más caro.
Bancos de primera línea, como el Macro, ofrecen préstamos al 84% para 12 meses. En cuenta corriente, la tasa nominal anual promedia el 115%, con un costo financiero total que trepa al 273%.
El impacto en las familias
El cuadro se replica en las familias. Con ingresos deteriorados por la falta de actualización salarial frente a la inflación, el endeudamiento con tarjeta de crédito se disparó.
En el BBVA, la tasa de financiación para quienes no completan el pago total alcanza al 90% anual y el costo financiero total asciende al 109%.
Así, un consumidor que paga sólo el mínimo durante un año terminará duplicando su deuda. En contraste, un ahorrista que coloque su dinero en un plazo fijo obtendrá apenas un 48% más de capital tras 12 meses.
Mientras tanto, los bancos cuentan con un tratamiento diferencial. La semana pasada el Banco Central les ofreció colocar sus excedentes de pesos al 69% anual y las entidades solo renovaron el 61% de los vencimientos.
Con ese nivel de remuneración estatal, las entidades financieras se garantizan un margen de rentabilidad que luego trasladan a sus clientes con tasas mucho más altas, incluso en un contexto donde la cartera de personas físicas muestra crecientes niveles de mora.
Fuente:letrap.com