En pleno auge productivo de Vaca Muerta, Argentina atraviesa un escenario que parece contradictorio: récord de producción de gas natural, importaciones de GNL y restricciones de suministro en el mercado interno, con impacto directo en estaciones de GNC e industrias.
La producción nacional ronda los 140 millones de metros cúbicos diarios, un máximo histórico impulsado por la cuenca neuquina. Sin embargo, en los picos de consumo invernal la demanda puede superar los 180 millones de metros cúbicos diarios, generando una brecha estructural que el sistema debe cubrir con importaciones.
Esa diferencia se compensa principalmente con gas natural licuado (GNL) importado a través de la terminal de Escobar, además de volúmenes menores provenientes de Bolivia y, en algunos casos, de Chile.
En ese contexto, estaciones de GNC reportan hasta tres semanas sin abastecimiento, mientras que distintas industrias directamente frenan su producción o migran a combustibles alternativos más costosos.
El sistema energético argentino opera bajo un esquema de priorización: ante la falta de oferta, se reduce primero el consumo de contratos interrumpibles —más económicos pero sin garantía— y luego, si es necesario, parte del consumo firme. El abastecimiento residencial, escuelas, hospitales y servicios esenciales está protegido por normativa.
La estacionalidad también impacta en los precios: mientras el gas puede cotizar por debajo de 1 dólar por millón de BTU en verano, en invierno supera los 10 dólares, lo que agrava la presión sobre el sector productivo. El gas local contratado por distribuidoras promedia los 3,80 dólares por millón de BTU.
A este escenario se suma la decisión oficial de reducir los subsidios al consumo de gas en la industria y usuarios no residenciales, que ahora deben adquirir el recurso a precios de mercado mediante subastas. El beneficio estatal quedó limitado a hogares de menores ingresos.
El impacto fue significativo: en algunos casos, la industria debió afrontar gas importado hasta ocho veces más caro que el de producción local, en un año marcado además por el encarecimiento global del GNL debido a tensiones geopolíticas. En total, se prevé el ingreso de unos 25 cargamentos de GNL, por un costo cercano a los 1.000 millones de dólares.
Según especialistas del sector, el problema no radica en la producción sino en la infraestructura. El ex subsecretario de Hidrocarburos Juan José Carbajales explicó que el déficit es estacional y está ligado a la capacidad de transporte.
“La restricción de transporte obedece a la falta de obras de ampliación y potenciación de la red de ductos troncales existente”, señaló.
En ese sentido, mencionó demoras en la aprobación de proyectos para ampliar la capacidad de evacuación desde Vaca Muerta, lo que impide acompañar el crecimiento de la producción con infraestructura suficiente.
Mientras tanto, la industria enfrenta un escenario complejo: costos elevados, interrupciones de suministro que pueden extenderse hasta 60 días en algunos casos y una creciente dependencia de combustibles alternativos.
De cara a los próximos inviernos, las obras de ampliación del sistema de transporte aparecen como la variable clave para reducir la dependencia de importaciones y achicar la brecha entre la producción récord y la disponibilidad efectiva en el mercado interno./Clarín
Fuente:www.losprimeros.tv


